Apuntes para la Historia de la Plaza de Toros de Cartagena

Próxima a desaparecer la Plaza de toros de esta ciudad, con motivo del llamado ensanche y saneamiento de la misma, nos proponemos a dar a conocer a los buenos aficionados a nuestra fiesta Nacional, (algunos de los cuales nos honran con su amistad, nos han invitado a ello) una sucinta historia de aquel edificio, que por espacio de 50 años aproximadamente, ha sido lugar preferido de la afición cartagenera al arte de Montes. Sirvan de prologo los desaliñados renglones que preceden, y vamos al grano, como decirse suele.

Existía en nuestra quería Ciudad, al mediar el siglo precedente, una conocida autoridad, investida con el importante cargo de Alcalde y presidente de su Excmo. Ayuntamiento: motivo de delicadeza nos obligan a no mencionar su nombre.

Infatigable en proporcionar a la localidad cuantas mejoras fueran posibles, realizo gran numero de ellas, durante su gestión, de inmensa importancia, algunas que aun se conservan, para recordar su memoria, y que no enumeramos por considerarlas ajenas a nuestro libro.

Dicho señor, dando nuevas muestras de sus iniciativas reunió a seis compañeros, personas de conocido arraigo a la localidad y exponiéndoles sus deseos, que aceptaron seguidamente, quedó constituida, bajo su presidencia, la que mas tarde fue empresa propietaria de nuestro circo taurino.

Instruido expediente por la corporación municipal, a instancia de dicha Junta, para levantar la Plaza de Toros y obteniendo el permiso correspondiente por R.O de 27 de Mayo de 1853. Con arreglo al proyecto presentado por el notable arquitecto municipal de Murcia, señor D. Jerónimo Ros Jiménez, designado para ello por el presidente de la Junta propietaria, de quien era intimo y antiguo amigo, y como tal, alojó en su casa durante el tiempo que duraron las obras, empezaron estas con brigadas de confinados del correccional de esta plaza.

El señor Ros, que entre otras muchas obras que realizo, bastaría solo para honrar su memoria la esbelta iglesia de la Purísima Concepción, construida bajo su dirección en la ciudad de Yecla, de esta provincia, cumplió como bueno llevando a cabo la obra de la Plaza de Toros. Véanse en apoyo de nuestro aserto, sus magníficos arcos de ladrillo, de extraordinaria altura sin que la acción del tiempo, después de 48 años transcurridos, haya producido en ellos el más insignificante detrimento.

La Plaza de Toros situada en la parte O. del Hospital Militar, no lejos de este soberbio edificio, sobre el terreno ocupo el antiguo anfiteatro romano, y próximo al mar, hace que en los rigores del Estío, época en que en ella se verifican sus principales corridas, se disfrute de tan agradable temperatura, que se siente el momento de abandonarla, al terminar los espectáculos.

Su forma es redonda y entraron en su construcción piedra, cal, ladrillo madera y hierro. De este son los antepechos de los palcos, división de los tendidos, barreras, y sillones.

Consta de 3 pisos, el 1º dedicado a tendidos, balconcillos y barreras, el 2º a palcos bajos y grada cubierta y el superior también a palcos y gradas.

La nomenclatura de las localidades en general es la siguiente:

- Palcos altos con grada y 4 sillas.
- Id. bajos, que se venden por asientos.
- Sillones.
- Antesillones.
- Contrabarreras.
- 2ª contrabarrera.
- Grada Cubierta.
- Balconcillos
- Asiento general de tendido
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Su cabida es de 8000 espectadores, aunque el año 1854 que se inauguro, y algún otro, se elevó a 10000, pero ocupándose el terrado que entonces se encontraba en buenas condiciones de resistencia, produciendo un conjunto tan sorprendente los múltiples colores de la concurrencia, y singularmente, la elegancia que tan acreditada tienen nuestras paisanas, que en mas de una ocasión oímos decir al malogrado maestro Lagartijo, que deseaba venir a esta plaza, porque no había ninguna, que presentara tan sorprendente golpe de vista.

El redondel mide 40 metros de diámetro, estando muy cuidado su piso.

La barrera es fuerte, el callejón bastante ancho, con un burladero bajo el palco designado al presidente; quien por medio de un acústico, comunica ordenes a sus dependientes, que lo ocupan durante el espectáculo.

La contrabarrera está bien acondicionada y para mas seguridad hay una maroma, pasada por los altos mástiles. En las corridas de inauguración estaban forradas de bayeta encarnada, produciendo muy buen efecto.

Tiene el edificio 3 grandes puertas en su fachada principal, otra al Norte que da acceso a los palcos, y dos en la parte del Este.

Para el paso interior a las localidades de que queda hecha mención hay 3 escaleras, no con toda la anchura necesaria, para que el publico pueda desalojarla en breve tiempo, caso de accidentes imprevistos, como tumultos, incendios, etc, etc.

Posee dos caballerizas capaces de contener el número de caballos reglamentario. La más chica conocida entre los aficionados, con el nombre de la "Panticosa" por ocuparla los caballos atacados de ciertas enfermedades.

Contaba al principio con un corral, no muy espacioso, para la permanencia del ganado. Desde que este, se transporta por las vías férreas se dedico su perímetro a aumentar el número de plazas de caballos y de chiqueros, que se eleva actualmente a 14 o 16.

Hay además entre las dependencias de la Plaza, conserjería (que desempeño por espacio de muchos años el popular Quino) Guadarnés, pajar enfermería con excelente servicio de medicina y cirugía y botiquín y otras para diversos usos y servicios propios de las corridas, y un magnifico algible.

Carece de Capilla.-Antes de venir el ganado en ferrocarril, el encierro se verificaba por el interior de la Ciudad, cruzando los toros, las calles de San Diego, Plaza de la Merced, Ángel y Plaza del Hospital, donde se colocaban vallas de madera o mangas para que no pudieran desmandarse por el resto de la población. Lo que sin embargo ocurrió algunas veces, viniendo a nuestra memoria el célebre toro valenciano, de la ganadería de D. Justo Hernández que en 1855, después de saltar la manga por la plaza de la Merced y atravesar varias calles, causando el natural sobresalto a los transeúntes, salió al campo, donde fue enlazado, después improbó trabajo, y conducido a la plaza, en una carreta. Los encierros verificaban, naturalmente, de noche y eran presenciados por numeroso público, abundando los lances propios del acto.

Desde que se utilizan los cajones para la conducción de los toros, son transportados a la Plaza desde la estación de la vía férrea por tiros de mulas, y una vez en ella, se procede a desencajonarlos, en el redondel por la puerta de los chiqueros, donde previsto de pienso y agua, descansa el ganado hasta el día de la corrida. El acto es presenciado por gran número de aficionados.

Y a propósito de la conducción de los cajones de los toros a la plaza no queremos privar a nuestros lectores de que conozcan un caso ingenioso. Observándose que el ganado padecía mucho porque los cajones daban enormes cabezadas, se le ocurrió a un espectador, que se unieran a la parte posterior de un carro y desde entonces, así se hace, por estar probada su conveniencia.

En nuestra plaza se verifican durante el año, varias corridas de toros y novillo, siendo las principales las que se celebran, por regla general, el primer sábado y domingo de Agosto, con ocasión de la Feria y que en los últimos años han alcanzado, gran importancia y nombradía, no solo en la provincia, si que también en España, por elementos aducidos a ellas por las empresas arrendatarias, singularmente en tiempos de popular empresario y amigo nuestro Don José Aracil, lidiándose reses de las mas afamadas ganaderías andaluzas; siendo tal el numero de unas y otras, que hubo un año que excedieron de 100 caballos arrastrados.

Desde la inauguración, vimos ganado de todas o casi todas las ganaderías de Andalucía, Castilla, Navarra y la Mancha, y los más celebrados diestros recordando entre otros muchos a Cuchares, Tato, Cayetano, Salamanquino, los Carmonas, Lagartijo, Curro, Frascuelo, Caraancha, Pastor, Hermosilla, Chicorro, Lagartija, el Gallo, Mazzantini, Espartero, Guerrita, Fuentes, Bombita y Algabeño, como se verá en el estado que acompañamos a continuación.

Anexo1

Anexo2

Entre los diestros que en la plaza han sufrido cogidas de importancia, figuran el espada Caraancha y el banderillero Bebe, por el que demostraba nuestro público gran simpatía.El indicado diestro fue herido al practicar el quiebro de rodillas, a consecuencia de lo cual sufrió la amputación de la pierna izquierda, quedando, por lo tanto, inútil para la lidia. El toro que causo tal desgracia se llamaba Cimbareto, jugado en quinto lugar el día 5 de Agosto de 1888. Pertenecía a la vacada del Marques del Saltillo.

Consignamos con gusto que en los 48 años de existencia de nuestro circo, ningún lidiador perdió la vida dentro de ella en el ejercicio de su arriesgada profesión.

El coste total de las obras ascendió a 33000 duros y su inauguración tuvo lugar el día 5 de Agosto de 1854 con ganado de D. Justo Hernández, vecino de Madrid, divisa morada y blanca, procedentes de las antiguas castas de Freire y Torre Raurri, lidiado por la cuadrilla de Cúchares, que llevaba de segundo a su hermano Manuel. La empresa obtuvo un beneficio de 90000 reales en estas corridas. Llego el año 1855 y cuando todo estaba dispuesto para las corridas, apareció el cólera, teniendo que suspenderse hasta Noviembre que se celebraron, con ganado también del citado Don Justo Hernández, que dejaron tan bien puesto el pabellón en las del año anterior. Como en esta época, el ganado venia por la vereda, con gran anticipación y estaba preparado el servicio de caballos y demás gastos preliminares de la fiesta, el negocio resulto en dicho año desastroso para la empresa, que perdió en el 110.000 reales, pues además de lo que queda expuesto, fue costosísimo mantener toros y caballos hasta el referido mes de Noviembre.

Desanimada la empresa y ante el temor de las nuevas invasiones en años sucesivos de la terrible enfermedad originaria del Ganges, decidió arrendar la plaza, la cual quedo adjudicada al Sr. D. José Vidal Molera, que la exploto con aprovechamiento durante muchos años, pues aunque como aficionado a toros no era competente, conocía el negocio como pocos.

En su tiempo se celebraron, sin embargo, buenas corridas, siendo el primero que nos dio a conocer la renombrada ganadería del Sr. Marques del Saltillo, oriunda de la famosa vacada andaluza de Lesaca, organizando otras dos extraordinarias el 10 y 11 de Octubre de 1857 con ganado del Sr. D. Agustín Salido, vecino del Moral de Calatrava, en la provincia de Ciudad Real, con divisa verde y amarilla; toros verdaderamente hermosos y de pura casta gijona (que tan celebrados fueron, y que ya hoy no existen), cuya presencia nos impresiono agradablemente, y fueron lidiados por las cuadrillas que capitaneaban Julián Casas el Salamanquino y Domingo Mendivil.

El Sr. Salido desempeño en el año 1876, el importante cargo de gobernador civil de esta provincia y con tal motivo tuvimos el gusto de saludarle y conocerle.

En esta época del Sr. Vidal, ocurrió un hecho de cuyo conocimiento no queremos privar a nuestros lectores. Se verificaba la corrida mojiganga de "las fraguas de Vulcano", en la plaza de toros: uno de los novillos había de ser muerto por medio de la chispa fulminante, y así se verifico al parecer; pero cuál sería la sorpresa de los espectadores, al ver levantarse a Pañero; que así se llamaba el bicho de la ganadería de D. Joaquín López, vecino de Santisteban del Puerto, en el momento de ir a ser arrastrado y emprendiendo vertiginosa carrera atravesó la plaza del Hospital, saliendo a la muralla y arrojándose por uno de los baluartes existentes sobre la puerta de San José, quedó muerto al fin, frente a la fábrica de gas.

En los años 1856, 1860, 1884 y 1885, no se celebraron corridas a causa del cólera, suspendiéndose también las anunciadas el año 1873 por consecuencia de la insurrección cantonal.

El 1857 dejo la plaza el Sr. Vidal (tío universal de todos los aficionados de la localidad, que le llamaban siempre tío Pepe) y fue adjudicada en nueva subasta a los Sres. D.Trinidad Ferro, persona de mucha simpatía en la población y gran caballista, D. Manuel Lapizburu, notable aficionado y D. Gregorio Avellán que a la vez era uno de los propietarios de la misma. En dicho año vimos por vez primera los toros del Duque de Veragua, asistiendo a la corrida dicho Sr. Duque que lo era a la sazón el Excmo. Sr. D. Pedro Colon, padre del ilustre prócer que hoy ostenta tan preclaro titulo en memoria del celebre navegante que nos dio un nuevo mundo, y desempeña además el cargo de ministro de Marina.

En 1862 se adjudicó la plaza al inteligente aficionado D. Juan Palacios, que en los cinco años que duro su contrato, dejo buen recuerdo por las excelentes corridas que dio, saliendo en persona en busca de ganado y cuadrillas demostrando dotes poco comunes en la organización de corridas. A dicho señor merecimos las mayores atenciones, tanto como aficionado, como amigo, consignado con gusto a fuer de agradecidos un recuerdo a su memoria.

Posteriormente volvió el Sr. Vidal a quedarse con la plaza y organizo un espectáculo el 28 de Abril de 1867, que produjo por su novedad gran expectación en el público. Consistió en la lucha del célebre elefante Pizarro con tres toros de las ganaderías de Doña Gala Ortiz, Excmo. Sr. Marqués de la Merced y viuda de D. Dámaso González. El primero de los enunciados fue uno de los de mas sangre que recordamos haber visto, pues a pesar de quedar muy mal parado en sus acometidas, al paquidermo, su adversario a quien hirió, lo verifico por vez tercera con gran bravura.

En el siguiente año de 1868, vinieron por vez primera a esta plaza los toros navarros de la ganadería del Excmo. Sr. D. Nazario Carriqui, que fueron muertos por los diestros Lagartijo y Mendivil.

En 1879 se verifico una magnifica corrida con ganado de Puente López, antes Aleas, del Colmenar viejo, de la que quedo muy bien recuerdo.

En los años posteriores tuvieron la plaza nuestros amigos D. Pedro Asuar, D. Julio Soler, D. Angel Toledano, (entusiasta y buen aficionado, no solo en teoría, sino también en la práctica, pues le vimos en diferentes ocasiones consumar la suprema suerte) y D. Antonio Gómez: después D. Enrique Soto y más tarde el ya citado D. José Aracil, que incansable en proporcionarnos cuantas novedades aparecían en el arte, contrato varias veces la cuadrilla de Señoritas toreras, y nos hizo conocer el valor sensacional de D. Tancredo Lopez.

En la actualidad tiene la plaza en arrendamiento el conocido comerciante D. Francisco Balibrea, que en unión de otros socios han dado las últimas corridas en los días 9 y 10 de Agosto último, con ganado de Saltillo y Cámara, lidiado por espadas Fuentes y Algabeño.

En 31 del próximo Octubre cesara esta empresa por haber satisfecho la Compañía Ensanche y Saneamiento el tercer plazo del valor porque ha adquirido el edificio que según nuestras noticias asciende a 28000 duros más 2000 que entregará D. José Aracil por el arrendamiento del mismo durante un año, pasado el cual quedara a disposición de la expresada Compañía para su demolición.

Los aficionados están, pues, de enhorabuena para el próximo año.

Digno remate, acaso postrer espectáculo taurino de la dominación de la empresa propietaria de la plaza de toros, ha sido la bonita becerrada que varios jóvenes de la buena sociedad cartagenera organizaron el 8 del actual, bajo la presidencia de las distinguidas y bellas Srtas. Pastora Spotorno, Belén García, Luz P. de Bonanza y Luisa Martí, que regalaron lujosas moñas.

La cuadrilla, y especialmente los espadas Jiménez Pidal y Contreras, cumplieron perfectamente. El distinguido sportsman Andrés Sánchez Ocaña, jinete en brioso alazán pidió la llave, dándonos a conocer facultades poco comunes en equitación, luciendo además apropiada indumentaria; la concurrencia selecta, la tarde esplendida y los organizadores Sres. Galinsoga (D. José), Virto, (D. Ramón) y Cendra (D. Juan), a los que debimos la inmerecida honra de ser nombrado para asesorar a la presidencia, acreditaron una vez mas su buen gusto y excelentes dotes para esta clase de fiestas. La plaza estuvo vistosamente engalanada, sirviéndose un esplendido lunch en el intermedio de la fiesta.

Omitimos dar cuenta a nuestros lectores de las excelentes y numerosas compañías tanto ecuestres como gimnasticas, que han pasado por nuestra plaza de toros durante el tiempo de su existencia, por considerar secundarios estos espectáculos en la misma, cuyo principal objeto son las corridas. Haremos, sin embargo, mención especial de las memorables temporadas de las dirigidas por Mr. Biuslay en el año 1860 y madame Garnier en el siguiente de 1861, recordadas con gusto por los pocos supervivientes de tan lejana época.

Terminamos nuestro modestísimo trabajo, habiendo hecho un verdadero tour de forcé para conseguirlo, por nuestra insuficiencia, con un estado de las corridas celebrada en la plaza, cuya desaparición ha de causarnos gran sentimiento por los gratos recuerdos que de ella conservamos.

Cartagena 20 Octubre 1902
D. Miguel Cabanellas Villamartín
Jefe de administración de la Armada, retirado.