La cornada más importante de José Ortega Cano
Posiblemente, la mayor cornada que haya recibido el maestro Ortega Cano no se la dio un toro, éste 'totémico' animal es mucho más noble que ciertos humanos. En los últimos años de José en los ruedos como torero, tomó una decisión equivocada, le pudo más el corazón que la cabeza, y en esa profesión deben de ir las dos «vísceras» con el mismo porcentaje de respuesta, y eso José, no lo supo entender y desde luego pudo empañar toda su trayectoria como gran figura del toreo, sin duda el mejor que ha dado Cartagena, y posiblemente de los mejores que ha dado la historia de la tauromaquia.
La vida profesional de José Ortega Cano no ha sido de color de rosa, sino todo lo contario. Estando a punto de abandonar los ruedos, su madre doña Juana, sostén de la familia, clarividente y buena como es una madre, pudo cambiar su trayectoria profesional y hacerle sacar el torero que llevaba dentro y que por sí solo no era capaz el torero.
A partir de ahí doña Juana fue como Miguel Ángel ante un bloque de granito arrancando de sus entrañas 'el David' que había dentro, y José Ortega y Cano por su madre, empezó a escribir su historia en los ruedos de España y América donde la iba esculpiendo con sangre y éxito. Después, una, dos, y tres reapariciones, todas desafortunadas, que iban empañando su prestigio como gran figura del toreo, que lo era. Todos los toreros tienen su ángel, y el de José se llamaba Rocío Jurado, que junto a su madre trataban de protegerlo de los depredadores de la prensa 'torticera', 'vampírica' y 'depredadora', que empiezan a controlar los medios televisivos con la zanahoria de los euros por delante en la búsqueda de personajillos sin escrúpulos para subir audiencia; capaces de vender su alma al diablo, sin pensar el daño que pueden hacer, y José Ortega Cano, como el bravo, -que ante una muleta provocándole la embestida entra al trapo-, sin valorar que una vez metido en la vorágine de ese entramado que actúa como los cárteles de la droga, que una vez entras en el entramado no te permiten salir y te acaban exprimiendo hasta que agarren a otra víctima, y el torero, mientras tenía a sus dos ángeles custodios (Rocío Jurado y doña Juana) le hacían de paraguas y lo mantenían en el tercio sin pisar la raya.
Dicen los abuelos, que las desgracias nunca vienen solas, y en este caso, después de la triste perdida de su madre doña Juana Cano, llega la irreparable pérdida de su Rocío Jurado, y a partir de ahí, el maestro intentando apagar su amargura y superar su estado de ansiedad por las reiteradas manifestaciones de sus dos familias, que antes se mantenían al margen por el respeto que le profesaban a los dos amores del maestro, este pasa a formar parte del 'empastre televisivo' en esta última etapa de su vida. Mal aconsejado y descuidando su imagen y estatus social, pasa a formar parte de la 'jungla rosa', y por unas o por otras, hoy José Ortega Cano está más cerca de encontrarse con sus dos amores, que de solucionar su vida terrenal, sin contar que en su alma siempre llevará la pesada carga de haber dejado una viuda y dos huérfanos, y les aseguro que ese será un lastre que el valiente torero, -cosido a cornadas y a punto de dejar la vida en el ruedo-, no superará mientras viva, porque es una buena persona. Que nuestra 'virgencica' de la Caridad te ayude maestro a superar esta tragedia, la más importante y trágica de tu vida, y ahí pocos podemos ayudarte, José.
¡Ah! Se me olvidaba maestro, los que no estamos calentándote el oído diciéndote lo que tú quieres oír, sentimos tanto o más respeto y cariño hacia tu persona que ellos, y siempre nos tendrás a tu lado sin pedir nada a cambio. Un abrazo maestro, recupérate pronto, estoy seguro que tu corazón y tu persona siempre estarán junto a la familia de Carlos Parra, que Dios tenga en la gloria.
Francisco Vera García
Pte. Foro Taurino Cultural de Cartagena y Comarca
Vicpte. Federación de Asociaciones Taurinas de la Región de Murcia













