Festividad de San Juan
Gerald Brenan en su obra “Al sur de Granada” nos dice que los musulmanes salían al campo donde encendían hogueras y danzaban. Era costumbre en nuestra comarca, como en otros muchos lugares encenderlas para ser saltadas por los más atrevidos. Festividad del solsticio de verano, culto primitivo al sol reflejado en las llamas.
En torno a este día hay una serie amplia de ritos para propiciar la fertilidad y las curaciones.
Adivinación del futuro novio
-La muchacha cogía cardos y los “chamuscaba” al fuego, poniéndolos debajo de la cama en un vaso de agua y si a la otramañana aparecían floridos era señal de que el muchacho que le gustaba sería su futuro novio.
-Otro método para conocer el nombre del futuro novio era salir a la mañana siguiente a la puerta de la casa y preguntar el nombre de la primera persona que pasara por allí.
-Se cascaban huevos crudos en el agua y contemplando la forma que tomaban se podía apreciar la cara del joven que se convertiría más tarde en esposo.
Adivinaciones
-Para conocer el porvenir la persona se situaba a las doce de la noche frente a un espejo con las luces apagadas salvo una vela encendida. En el espejo se vería reflejado su cuerpo difunto, así conocería la edad de su muerte.
-A las doce de la noche se cogen doce pámpanos de higuera poniéndolos sobre una mesa. Cada uno de ellos representa un mes del año. A la mañana siguiente cada pámpano que esté húmedo nos indicará que ese mes será climatológicamente positivo, es decir, lluvioso, y el que esté seco o retorcido nos indicará lo contrario.
-Con idéntico fin de predecir la climatología del año venidero se colocaban doce cascos de cebolla, cada casco representaba un mes. Si el casco, por ejemplo, de enero quedaba húmedo durante la noche, ese mes del año próximo sería lluvioso.
-Igualmente a las doce de la noche en un vaso grande con agua se rompe un huevo. Si se forma la silueta de un barco será un año venturoso.
Frazer escribe al respecto que “el arte de adivinar por medio de una copa no ha sido cosa rara tanto en épocas antiguas como modernas”. Los griegos dieron el nombre de hidromancia al arte de adivinar lo que habría de suceder en el futuro a partir de las figuras observadas en el agua. Pero se dice que fueron los persas quienes trajeron este arte a Occidente.
En Escandinavia acudían a un adivino para descubrir quien les había robado merced a una vasija de agua que reflejaba el rostro del ladrón. El sol de San Juan es especial, pues sale “bailando” en el horizonte. La persona se pone de espaldas al astro y si su sombra se proyecta sin cabeza es señal de que moriría ese año.
Ritos de curación
Para curar niños herniados o “quebrados” es necesario que un Juan y una María solteros pasen al enfermo por encima de una rama de higuera que previamente ha sido cortada y que se vuelve a injertar utilizando barro o envolviéndola con trapos. Se utilizan las siguientes palabras:
“Tómalo, Juan.”
“Dámelo, María.”
“Enfermo te lo entrego.
y sano me lo has de dar”.
Si la rama “pegaba” y no se secaba era indicio de que el niño sanaría. Para Mircea Eliade el árbol es el símbolo de la vida que se regenera en cada primavera, tocar el árbol es benéfico y fortalece. Para determinados pueblos los niños se verán libres de enfermedades si lo tocan, pues se produce una transferencia del mal que el niño padece hacia el árbol.
En la noche de San Juan los poderes malévolos que asedian a los humanos pierden su poder, por eso se recogen del campo las plantas medicinales. San Juan bendice toda la Naturaleza que en esa noche suspende su aliento. El agua cobra propiedades curativas, sin embargo recogemos un testimonio que nos habla de la costumbre de ir a bañarse al Mar Menor el día de Santiago con el fin de sanar enfermedades físicas y hasta síquicas. Creemos que como los agricultores se veían obligados por la recolección a trabajar más intensamente el día de San Juan, trasladaron este rito al día de Santiago. En lugares costeros es típico bañarse en el mar la noche mágica de San Juan.
También es costumbre realizar los novenarios, es decir bañarse nueve días seguidos en las aguas del Mar Menor para inmunizarse frente a las enfermedades.
José Sánchez Conesa













