Otros ritos
Mal de ojo
Los síntomas de este padecimiento son el abatimiento general. El mal de ojo es una enfermedad propicia para la curación por métodos mágicos dado su carácter de aparición misteriosa. Es producido por aquellas personas que tienen en la mirada una fuerza tan grande que causa perjuicio, aun no queriendo, sobre todo en niños, animales y plantas. Para conocer el método curativo es necesario aprenderlo, de una persona que tenga esa gracia, un Viernes Santo a las doce del mediodía.
-Para comprobar si el niño estaba afectado por el mal de ojo y curarlo, si era preciso, se llenaba un recipiente con agua y se mojaba de aceite el dedo corazón del niño o en ausencia de la criatura algunos de sus cabellos, goteando el líquido oleoso sobre el agua. Se acompañaba este rito con el rezo de una oración específica que se realiza tres veces al día durante tres días.
El simbolismo del tres responde a la idea de la perfección. La figura geométrica de tres lados es el triángulo, que representa lo perfecto y lo divino.
-Cuando el afectado era un animal se realizaba tomando sus pelos, plumas o cualquier otro elemento corporal. En el caso de las plantas se empleaban sus hojas.
-Si las gotas de aceite se deshacían indicaba que padecía el mal y si las gotas quedaban intactas la criatura, animal o planta estaba sana.
Existen varios ritos para prevenir al niño del mal de ojo:
-Colocarle bolsitas con migas de pan, con frecuencia en la ombliguera.
-Portar medallas de la Virgen María y un lazo rojo.
-Hacerle llorar con pellizcos para que expulse el mal por las lágrimas.
- Hacer la “higa” cuando se acerca una persona que provoca el mal de ojo a los niños.
Por una inscripción funeraria sabemos de un niño llamado Jucundus, probablemente murió víctima del mal de ojo, un acto imputado por lo general a hechiceras. Los romanos empleaban ya el cabello para la realización de actos de hechicería, como nos revela Apuleyo en el “Asno de oro”.
En el siglo I a.J.C. se combatía con amuletos parecidos a los que aún se usan. En España autores de los siglos XVI y XVII argumentaban que aojar era debido a ciertas suciedades e impurezas que algunas personas como ancianas, viejas solteronas, lisiados o envidiosos lanzan por los ojos. En algunos casos no siempre a mala fe.Así lo recogió Fray Martín de Castañega en 1529. En cuanto a la “higa” decir que en los escritos del juez represor de brujas de Burdeos, Pierre de Lancre, se cita el testimonio de una mujer que fue poseída por el Demonio al quitarle el Maligno la higa que la protegía. También entre los vascos era tradicional la higa como preservativo ante brujos y en casos de enfermedades extrañas. Con las dos manos a veces.
Para sacar un objeto de ojo
Se pone la mano en el brocal de un pozo y se reza la siguiente oración:
Virgen del Pozo,
sácame esta cosica
que tengo en el ojo
Virgen María pon tu mano,
antes que yo ponga la mía.
Sacar el sol de la cabeza
Ante un caso de insolación se ponía un vaso de agua sobre la cabeza del afectado, el agua burbujeaba y al cabo de un rato desaparecía el problema.
El Aliacán
Una persona está afectada de aliacán cuando siente una gran tristeza y abatimiento, que es en realidad la sintomatología de la ictericia, es decir color amarillo de la piel debido a la acumulación de pigmentos biliares en la sangre.
En un recipiente de agua se van cortando unos pequeños fragmentos de gamuza de distintos colores: negro, blanco, amarillo y rojo. Estos colores indican el grado de afectación. Por ejemplo el negro es el peor y el rojo el mejor. El trozo de gamuza que se vaya al fondo de la vasija indica la severidad del padecimiento.
Este rito lo deben realizar siempre tres personas. Para combatir el aliacán también ha de conseguirse orina del afectado, sin que éste lo sepa, y con harina de cebada se hace una masa que fragmentada en tres porciones se exponen en una pared a la salida y a la puesta del sol durante tres días.
La Cencerrá
Cuando se casaba un viudo o una viuda era costumbre que la noche de bodas los vecinos acudieran a darles una “serenata”, donde no podían faltar los cencerros. También se acompañaban de dichos, uno decía:
-¿Quién se ha casado?
-Fulana de Tal.
-¿Con quién?
-Con Fulano de Tal.
-¡Qué siga la “cencerrá”!
Las letras satíricas no faltaban, pues una versión del anterior dicho encontrada en El Jimenado decía:
-¿Quién se ha casado?
-Fulana de Ta.
-¿Con quién?
-Con el tío Otón.
-¿Para qué?
-Para que le toque el ratón.
O en El Estrecho de Fuente-Álamo:
-¿Quién se ha casado?
-Antonia la del herrero.
¿Por dónde se la mete?
-Por el abujero.
Algunas opiniones de antropólogos vienen a señalar que el sonido de los cencerros y caracolas representan el espíritu del marido o de la mujer difunta que trata de impedir el nuevo matrimonio. Otras opiniones, por contra, proponen que su utilización responde al deseo de mantener alejado al espíritu en cuestión. Explicación verosímil porque en otros lugares hacen sonar llaves para alejar de una casa los malos espíritus o evitar su presencia en torno a la cuna del niño, como en Andalucía.
Más aún, Frazer informa que los indios de América del Norte “tenían la costumbre de correr por toda la aldea dando gritos estridentes y espantosos, golpeando los enseres domésticos y las paredes y techos de las tiendas, todo con el fin de expulsar al irritado espíritu de un enemigo al que acaban de torturar hasta la muerte”.
Hay estudiosos del tema que propugnan la idea de que la cencerrada es un método para provocar la fertilidad. La cencerrada es un paréntesis en el que las inhibiciones se relajan, como en época de carnaval, pues se hacen comentarios obscenos y jocosos sobre el comportamiento sexual de los nuevos esposos.
José Sánchez Conesa













