Ritos funerarios

Túmulos de piedra

En el lugar donde una persona moría por accidente los vecinos y familiares depositaban una piedra cada vez que pasaban junto al lugar, llegándose a formar auténticos túmulos de piedras.

Estos ritos tienen un precedente en época romana, pues aparecen citados en las “Elegías” de Propercio. Igualmente ocurre en la tradición islámica, utilizándose para alejar el mal que pueda surgir del lugar fatídico, evitando así incluso la posible aparición del muerto.

Sin embargo leemos otra interpretación en el Diccionario de Supersticiones de Flores Arroyuelo: “Era creencia extendida que en las piedras se amparaban los buenos espíritus, lo que explica que en las tumbas se amontonaría un buen número de ellos para que auxiliasen al difunto en el paso del más allá, de ahí también el uso generalizado de la piedra en las tumbas en forma de estelas, lápidas, etc, y posiblemente ése sea el verdadero significado del dolmen”.

Indicios de luto

Una serie de acciones ponen de manifiesto en la casa la muerte de uno de sus habitantes:

-Dar la vuelta a los cuadros.

-Poner trapos en los cencerros de los animales para que no suenen.

-Las viudas no podían salir de casa hasta el día del funeral que se celebraba a los nueve días.

-Se paraban los relojes.

-Vestían los familiares con ropas negras.

El negro simboliza la noche, la muerte, el mundo de ultratumba. También ha sido empleado para repeler el mal, siendo esa una de las interpretaciones del luto como intento de desfiguración para que el muerto no reconozca y moleste a sus seres queridos para saldar alguna cuenta pendiente o para que no los añore y descanse finalmente en paz. Frazer titula un capítulo de su obra aquí ya mencionada en diversas ocasiones como “La marca de Caín”. Indica en él que, según el Génesis, tras matar a su hermano Abel, Caín imploró a Dios, quien conmovido “puso a Caín una señal para que no lo matara nadie que lo hallase”. El historiador y filosofo de las religiones supone que cuando Caín fue marcado se tranquilizó, pues el espíritu del hermano muerto no lo reconocería en virtud de la señal y así no lo perseguiría.

Pone ejemplos de diversas tribus repartidas por el mundo, como los bayaka, pueblo bantú del bajo Congo, quienes suponen “que un hombre que ha sido muerto en una batalla enviará su alma para que vengue su muerte en la persona del que la ha cometido, ésta, sin embargo, puede escapar a la venganza si se pone en el pelo las plumas rojas de la cola del papagayo, y se pinta la frente de rojo”.

El luto se interpreta, por otra parte, como una expresión de dolor ante el fallecimiento de un familiar o amigo, quienes lo acompañan de esa manera para que el alma transite hacia la otra vida.

Presagios de muerte

Solía rezarse a San Pascual Bailón para que éste avisara al orante de su muerte, siéndole anunciada unos momentos antes con tres golpes. De esta forma se daba tiempo a la persona para que se preparara espiritualmente para asumir el trance.

-Los aullidos de los perros anunciaban la muerte de alguna persona, pues es creencia popular que los animales ven los espíritus de las personas que van a fallecer.

Hay una relación estrecha entre este animal y el más allá. Son muchas las alusiones en la literatura antigua a los ladridos de los canes y su familiaridad con la muerte, las tinieblas de la noche y la sangre. Frazer, otra vez, recoge la creencia de los kumis, quienes pueblan el este de la India, que Dios creó de arcilla al hombre y la mujer, pero al dormir por la noche una serpiente devoraba a las dos criaturas Por ello El Hacedor creó un perro destinado a la vigilancia. Al venir de nuevo la serpiente, el perro ladró y la puso en fuga. Por eso cuando un hombre está a punto de morir los perros ladran, pero los kumis piensan que Dios duerme más profundamente que antes porque los hombres mueren a pesar de los ladridos.

-El olor a quemado.

-Cuando se está muriendo una persona suele arrugar la ropa entre sus manos, haciendo lo que se denomina “muñecos”.

Creencias sobre difuntos

-El difunto no podía ser enterrado con sortijas ni joyas porque “no entra en gracia de Dios”.

-Para que no se hinchara el vientre del cadáver durante el velatorio se le ponían unas tijeras en cruz sobre la barriga.

-No se deben tocar las campanas de la iglesia con el toque de difuntos si la persona ha muerto por la noche, pues hay que dejar que el ánima lleve su camino y no se despiste. Se tocan a la mañana siguiente.

-En el día de las ánimas, 2 de Noviembre, se taponaban las cerraduras de las puertas con cera o sebo para impedir que entraran las ánimas malignas a las viviendas.

-Se cree que regresan las almas de los difuntos de la familia a los antiguos hogares. Una mujer de la familia les preparaba una cama para que descansaran en ella.

-Se les encienden unas lamparillas o “mariposas” sobre aceite, así como también cirios con el motivo de darles luz e iluminarles su camino, pues las ánimas están en la oscuridad y necesitan la luz de la Gracia de Dios. Se dice que en esa noche se oyen ruidos y palabras extrañas producidas por las ánimas.

-Cuando una persona quiere despertarse a una hora determinada, se encomienda a las ánimas.

-Es creencia que los espíritus de los fallecidos se suelen aparecer a los familiares para que éstos culminen una tarea que el difunto dejó inacabada o para avisar donde dejó escondidos los ahorros.

-Cuando se aparece un espíritu hay que preguntarle: “De parte de Dios, ¿Qué quieres?”.

Un antecedente de la visita al cementerio el día de Todos los Santos la encontramos también en época romana donde los familiares, en un testimonio de respeto, les llevaban a las tumbas modestas ofrendas como flores, semillas, vino o granos de sal.

La sal es un elemento protector contra los demonios y la semilla aporta la resurrección al muerto, es símbolo de vida. Estos testimonios los encontramos en la obra “Fastos” de Ovidio. Igualmente es romana la costumbre de encender cirios a los muertos.

La vela, nos dice Flores Arroyuelo, representa la purificación y la vida misma. De ahí que en ciertos momentos se enciendan, como en los cumpleaños, y en número acorde con los años que se celebran para ser apagadas posteriormente.

José Sánchez Conesa