El Siciliano

La obra de Mario Puzo nos retrotrae a esa Sicilia agrícola, milenaria y ancestral. Aquella que perdura en el tiempo y se niega a transformarse porque observa en el cambio una infame traición a sus esencias patrias. Sicilia —iba diciendo—, la de las luparas cortando el viento, la del aceite de oliva exquisito, el vino dulce, y las mujeres cálidas y ardientes, es retratada con auténtica maestría por el autor de El Padrino.

Allí tienen lugar las hazañas de Salvatore Giuliano (“Turi”), el célebre bandido que reúne en su persona todos los ideales románticos —tales como el valor, la honradez y el deseo de hacer justicia a los más necesitados— y que la tiene tomada con ese doble poder coercitivo que oprime al campesino siciliano desde tiempos inmemoriales: Roma (los políticos) y la Mafia.

Sin embargo, Turi Giuliano no se ha echado al monte para dar palos de ciego; lo tiene todo perfectamente estudiado. Medita sus planes con la frialdad y el tesón característicos de un afamado estratega militar Le acompañan: Aspanu Pisciotta (su amigo y lugarteniente), Canio Silvestro (su guardaespaldas), Stefan Andolini (jefe de espionaje y enlace), Terranova, y Passatempo (los dos últimos contaban con sus propias bandas y podían actuar sin recibir órdenes directas de Giuliano a menos que se tratara de alguna acción concertada), constituyendo un verdadero ejército que será capaz de poner en jaque a todo un Estado.

La traición es, indudablemente, lo que más irrita a Turi. Por eso se muestra enérgico y despiadado a la hora de reprender aquellos actos que contienen su presencia. Pero en Sicilia es algo que está al orden del día., y aflora con la misma intensidad que los rayos luminosos del sol en un día de primavera.

Michael Corleone se oculta desde hace algún tiempo allí, en Sicilia, tras haber asesinado al capitán McCluskey y a Sollozzo “El Turco” para salvar la vida de su padre. Antes de regresar a su casa, en Long Island, ha recibido el encargo de Don Vito —al fin repuesto— de liberar a Giuliano del asedio al que los carabinieri y el Ejército Italiano lo tienen constantemente sometido, y de llevarlo a América con él.

Al principio, Michael se muestra reacio y desganado. Giuliano le resulta completamente indiferente. Desea llegar a casa, descansar y encontrarse con los suyos. Eso es todo.

Pero con el paso de los días, el personaje se irá apoderando de sus pensamientos, lo envolverá con su carácter místico y despertará tal curiosidad en Michael que provocará que éste se niegue a marcharse de Sicilia sin haber cumplido antes la misión que le fue encomendada.

Francisco Javier Torá Jiménez