Los finales de los libros
Hace unos días terminé de leer “La soledad de los números primos”, del novel escritor italiano Paolo Giordano, publicado en la magnífica editorial Salamandra. Cuenta las complicadas vidas de un chico y una chica que transcurren de forma paralela como las vías de un tren, siempre cerca pero siempre equidistantes. Pero hete que llego al final de la historia y el final…. el final…., eso, que el final es lo que, desde mi punto de vista, afea, estropea un poco la historia. Ojo, habrá a quien le guste que “la historia quede abierta”, “que uno se imagine como continúa”, ó que el autor es tan libre de terminarlo como le venga en gana, como los lectores de analizar, cuando no criticar, el final.
Esta lectura me ha hecho reflexionar sobre el final de varios de los libros que he leído recientemente y la sensación que ello me ha causado.
Hay libros que se desarrollan en cientos y cientos de páginas, en las que un prolífico autor nos desgrana una historia tras otra, o una aventura sobre otra, pero cuando llega el final éste se precipita, parece que se “suicida” con un colofón hecho a la carrera. Es como si al su autor de repente se le “secaran” las ideas, (o bien que el editor le meta prisa para rematarla para finalizarla al muy conocido estilo “churrero”, cuando no totalmente surrealista). Aquí los comentarios que solemos hacer es que parece increíble lo buena que es la narración y lo malo que es el final.
Otros libros nos anuncian, desde el principio, el final, que resulta estar muy elaborado hasta tal extremo de que todo nos conduce hacia un final épico, en el que todo queda explicado, y donde no cabe oportunidad de continuar la historia…., es más, nos sobrecoge la trama porque conocemos el final, y ello o nos satisface o nos angustia. Pero es que sobre la continuación de las historias hay autores que son maestros, que nos embelesan página tras página, hasta que llega un presunto final de serial estilo “continuará”, coincidente muchas veces con el gusto del amigo editor, y que con ello –en definitiva- pretende ganar más dinero por medio de los adeptos al autor y a su prolífica historia.
Sobre estas continuaciones, muchas de ellas son fieles al refranero cuando dice que “segundas partes nunca fueron buenas”, pero hay veces que nos sorprendemos, e incluso la historia convertida en trilogía se convierte en mítica, hasta el extremo de que la pregunta que hacemos no es si “nos ha gustado o no”, sino todo lo contrario, lo que queremos saber es “¿cuál es la parte que más nos ha gustado?”.
También hay autores que saben finalizar una complicada historia cuando “se cansan de escribir”, que sin embargo el lector no se cansa de leer, ya que la técnica narrativa del escritor es perfecta: da igual que escriban ochocientas o mil quinientas páginas, porque nos las leeremos convencidos de que al final del libro encontraremos cerradas todas las puertas que el autor nos va abriendo a lo largo y ancho de su narración, y ello nos satisfará.
También hay autores que, con la técnica “corta-pega”, van uniendo lo que los amanuenses de su taller de escritura y sus documentalistas le ponen encima de la mesa, hilvanando unas historias cuyo final uno no sabe si es fruto de unos buenos cigarrillos de marihuana, o de que el escritor se ha vuelto “mochales”, o bien que toma al lector por gilipollas. A una de ellas le tengo echada la “cruz del gato”: juré, hace dos o tres libros que tiene publicados que no me engañaba más y, de momento cumplo mi promesa.
Otros autores escriben libros, bien escritos en conjunto, con un arranque de cine estilo Hitchcock pero que luego caen en una fase de meseta hasta que terminan con un final rápido y circense estilo “mátrix”, del todo increíble y que estropea una narración bastante aceptable, pero que hace que al lector no se le olvide el nombre del escritor (para que no le engañe dos veces).
Y otros... otros son sublimes, elevan la historia a la categoría de arte, de sentimientos, se recrean y la poetizan, el lector nunca pierde la atención por la historia por compleja que sea, y desea que nunca llegue el final, es más, busca el momento y lugar adecuado para terminarlo ralentizando incluso la lectura... Pero éste se va acercando, poco a poco, sin precipitarse, completando una narración perfecta, magnífica… que lleva al lector a saborear lo contado en su plenitud y, cuando uno cierra la contraportada del libro lo primero que hace es recomendarlo a sus allegados.
Como dije al comienzo, escribo esto pensando en muchos libros leídos, cuyo titulo ó autor no he desvelado para que cada uno identifique lo dicho con alguno en concreto. Sólo lo desvelaré si el “Sr. editor de Atoja” me obliga a probar de mi propia medicina y quiere que éste tampoco sea el final de este artículo...
Que, de momento, puedo terminar de dos formas muy “peliculeras”: o bien con el “To be continued” ó con el clásico “The End”. Sr. Casado Mena, como si fuera un buen escritor comercial actual, estoy en sus manos, usted decide. Vale.
Miguel Fernández Gómez
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