El talón de Aquiles

Un libro que nos recuerda la condición de barro de la que está hecho el ser humano. Desde la esterilidad de María Tudor hasta el nacionalismo exacerbado de Hitler. Desde la ludopatía de Dostoievski hasta el alcoholismo de Edgar Allan Poe o la enfermedad mental de Juana ‘La Loca’. La historia nos demuestra que la búsqueda de la perfección por el ser humano no cabe situarla más allá de un loable ideal utópico, que puede servirnos como punto referencia. Pero nada más.

Como el mítico guerrero Aquiles, cuyo punto vulnerable se encontraba en el talón, el hombre carece de perfección , ya que su naturaleza es, de por sí, imperfecta. No obstante, se trata de un libro que demuestra la importancia de la personalidad del hombre en el devenir histórico. Porque a fin de cuentas fue Lenin quien urdió el golpe de Estado bolchevique y puso en funcionamiento, tras su llegada al poder, el primer sistema represivo totalitario de la historia, y no el campesinado ruso quien, hastiado por la hambruna que padecía, se levantó contra la monarquía zarista.

Por eso, Italia, tierra de supersticiones, de cismas papales y de la Cosa Nostra, nos ha dejado, en cambio, los quehaceres artísticos de dos personajes tan fascinantes como Miguel Ángel o Leonardo da Vinci, mientras que Suiza, con todo su progreso económico y bienestar material, sólo nos ha aportado el reloj de cuco. Tal vez esto haga reflexionar a los marxistas recalcitrantes. Aunque lo dudo.

Francisco Javier Torá Jiménez