¿Quién es el Chipé?


Juan Vicente Fernández, conocido con el sobrenombre de “El chipé” nunca fue nadie y, además, no hizo nada para destacar en su vida. A lo sumo se podría comentar que cometió un par de asesinatos – uno a su cuñado del clan de “Los Lilis” y el otro a su propio hijo – o que, incluso, cometió diversas fechorías entre las que destacan un par de riñas con arma blanca y algún que otro altercado callejero. Pero si tan sólo fuese por esto, yo no estaría escribiendo estas líneas hoy y, tal vez, Cartagena tampoco lo recordaría puesto que gentuza siempre la hubo en todos los rincones.

A la pregunta de ¿Quién era el chipé? Creo que ya he contestado muy sobradamente, puesto que no tiene biografía ninguna y además nunca la tendrá. Lo comento porque siempre que alguien se digna a hacerme la pregunta, yo siempre le contesto con la misma respuesta, pues la verdad es que no es nadie ni nunca lo fue. A lo sumo creo que podríamos responder a la pregunta de ¿Qué le hicieron al Chipé?, puesto que si no lo hubiesen arrastrado en macabra procesión por las calles de Cartagena no estaríamos hablando ahora de él, claro que no, por supuesto que no. Por lo tanto, al contestar a ese qué – de la anterior pregunta – se convierte a tal vil persona en una victima y no en un gitano malasangre merecedor de aquel linchamiento público – en el sentido amplio del término – de ninguna manera.

Cuando empecé a escribir la novela nunca lo consideré una victima, debido a que estaba contaminado y fuertemente condicionado por testigos, por la tradición oral, por la prensa de la época y por escritos que se han realizado sobre este gitano chulo putas, donde aparecía representado como el más temido del lugar. Tal vez aquello sea cierto, pero he de recordar que el fin no justifica los medios.

Volviendo a la pregunta original ¿Quién era el Chipé? Debería responder que fue una victima más de la II República española, pero tal vez muchos pensarán que soy un manipulador, aunque eso me da igual. Mas seguramente no estaría faltando a la verdad, puesto que fue asesinado por un concejal de seguridad que pertenecía a la faceta radical de la CNT y entregado al pueblo – encabezado por jóvenes socialistas – para que hiciesen su particular justicia. Nadie fue juzgado por aquella masacre, ni tan siquiera un solo detenido. El pueblo lo arrastró por la ciudad ante la pasividad de todos los miembros de seguridad y fuerzas del orden. Tal vez sea cierto que, cuando en un pueblo no existe la verdadera justicia y en Cartagena más bien había poca, se ponga en funcionamiento, de forma subsidiaria, la Justicia Social. Aquella que emana del pueblo y se administra en nombre de las masas sociales por los habitantes de cualquier ciudad.

Sea de una forma o de otra, esta es mi respuesta y estas son mis colusiones, tan verídicas y legítimas como otras versiones, puesto que aquí nadie sabe realmente quién es el Chipé.

Antonio Casado Mena