Los Dicterios
Mi amigo Anselmo Sánchez Ferra me comenta que los dicterios, es decir, los dichos empleados para provocar o ridiculizar a otros, en el caso que nos ocupa, los utilizados para molestar al pueblo vecino tal vez surgieran en el Neolítico, hace por tanto más de 6000 años, etapa en la que el hombre deja de ser nómada y se instala en un territorio que hace suyo, merced al descubrimiento de la agricultura y la ganadería. Ya entonces los asentados en un lugar rivalizarían con sus vecinos. Los habitantes de Corvera se burlaban de los de La Multa con la frase: “Que no se os escape el tren de La Murta”. Un vecino de La Murta, de edad cercana a la cuarentena: José, hijo de Josefa Perellón, me contó lo siguiente:
“Una empresa inglesa explotaba hace unos cien años una mina de hierro en los montes de La Murta y proyectaron poner un tren que sacara el mineral hasta Cartagena. Pero como todo quedó en eso, en una idea, los de Corvera cuando nos veían a los chiquillos de La Murta nos decían: “¡Nene, corre, no pierdas el tren de La Murta!” Claro que no nos callábamos y yo les decía: ¡Va lleno de cuernos y cornúos! Porque los de Corvera mataron una vaca y se la comieron dentro de la iglesia y como les sentaba mal que se lo recordáramos, yo les hablaba de cuernos.”
Otro, de edad en torno a la cincuentena, explicaba que lo del tren de La Murta era porque en los años 60 pusieron un pequeño autobús que unía las dos pedanías.
En cambio una señora mayor: Carmen Rojo Monreal, de 86 años, daba otro sentido a la historia:
“De aquí íbamos en burra a Corvera, que está a cinco kilómetros, al mercado de los domingos, tres o cuatro en fila y a eso le llamaban los de Corvera el tren de La Murta. Cuando venían ellos a La Murta, al baile, le pintaban los mozos una vaca en la pared de la almazara porque ellos se comieron una vaca en la iglesia, que convirtieron en carnicería en tiempos de guerra y quemaron los santos”
Sin embargo, ella misma refiere otra explicación:
“Se dice que eso viene de antes de la guerra. A un hombre se le escapó una vaca y al pasar por Corvera le echaron mano y se la comieron”.
Recientemente, encuestando en El Albujón, conozco a Pedro Pagán Sánchez, de 76 años de edad y natural de La Murta:
“Lo del tren de La Murta es que pusieron, cuando yo era crío, una pasá de trillos en fila, unos detrás de otros y dijeron: El tren de la Murta.
Y nosotros les decíamos a los de Corvera: ¡Que matasteis la vaca y echasteis los santos fuera!. Porque hicieron en la iglesia un sindicato cuando la guerra”
Como vemos cada generación reelabora la leyenda a su gusto, conforme a las circunstancias del momento o según capricho: minería, guerra civil, creación de una línea de transporte público, etc. En La Palma tenemos una leyenda que es la del burro y el cerrajón. Lo que he oído en mi pueblo:
“Unos palmesanos subieron hace mucho tiempo un burro a lo alto de la torre de la iglesia para que se comiera una frondosa mata de cerrajón; en vez de arrancarla ellos mismos y dársela a comer tranquilamente en su cuadra. Le ataron una soga al cuello de la que tiraban para ayudarle a subir los peldaños, tanto que el pobre animal sacaba un palmo de lengua, se asfixiaba. Sin embargo uno de la cuadrilla lo interpretaba de manera diferente: “¡Mirad como se relame pensando en la mata que se va a comer!”
A los moradores de Pozo-Estrecho se les conoce por el gentilicio de galileos y en La Palma siempre se ha explicado que es porque encargaron un ataúd al carpintero para la procesión del Santo Entierro. Tomaron mal las medidas y la imagen del Cristo yacente era más larga que la caja, por lo que resolvieron serrar los pies al Señor.
He llegado a oír en el propio Pozo-Estrecho una versión más bíblica y fantasiosa, cual es que en el antiguo pozo abrevadero de ganados, que da nombre a la localidad, tuvo lugar el encuentro entre la samaritana y Jesús de Nazaret.
Lo mismo del burro palmesano y la mata se cuenta que acaeció en Perín, de hecho los perineros representan en sus fiestas patronales aquella efeméride. Idéntica leyenda se repite en Andraix, localidad mallorquina, en Fuente-Álamo de Albacete, o en poblaciones catalanas como Solsona, Mataró y Barcelona.
En realidad se trata de un cuento de tontos que se aplica a una determinada comunidad local con afán de desprestigiarla y con ese fin lo encontramos en numerosos lugares de Europa, China o Estados Unidos.
Los perineros sufren todo tipo de dicterios por parte del resto de pueblos del entorno próximo. Se dice de ellos que una vez construida su iglesia descubrieron que era muy fría y decidieron que lo más apropiado sería llevar hasta allí el sol a capazos. Como Tallante goza de una mayor altitud, pensaron en marchar hasta allí pues al estar más cerca del sol los capazos se llenarían mejor. Después de tenerlos un rato expuestos a la acción solar regresaban con ellos cargados de sol, que vaciaban en el interior del recinto sagrado.
Una vecina de Los Alcázares, de nacionalidad alemana, nos comenta que en su país esto mismo forma parte del folklore de los ciudadanos enfrentados de las localidades de Schilda y Sachildbunger, pero no es una iglesia, sino que es el edificio del ayuntamiento el que se construyó sin ventana y sus confiados e ingenuos ciudadanos arrojaban sacos de sol para iluminarlo.
En la construcción de su iglesia quisieron meter los perineros una colaña por la puerta, pero a lo ancho, y como no cogía demolieron gran parte de la fachada. Esto mismo lo hemos oído referido a otras localidades de la comarca.
Pusieron un pleito al sol porque cuando marchaban a trabajar al arsenal de Cartagena siempre lo llevaban de cara con la consiguiente molestia. A ellos el astro rey los perjudicaba y en cambio beneficiaba a los de Alumbres. La misma historia se repite entre los pueblos catalanes de Navata y Figueras.
José Sánchez Conesa













