Las Cuevas y Galerías
Son otros de los lugares privilegiados. Valga como ejemplo una leyenda recogida en la mencionada, anteriormente, pedanía murciana de La Murta, donde comienza el Campo de Cartagena. Allí se da como suceso cierto, al menos para quienes me la narran, hija y nieto de la entonces muchacha que descubrió a la encantada de la cueva. Habla Josefa Perellón Garnés:
“Mi madre contaba que en la cueva de la rambla vio una zagala de blanco bailando y desapareció. Dijeron en el pueblo que salía cada 100 años”.
Encontramos en San Cayetano el próximo testimonio:
“Hubo moros que se escondieron en la cueva Cobatillas, que está entre Sucina y El Mirador. Hay moros actuales que saben esa historia y le llaman Cobatillicas, donde existe un pasadizo de un kilómetro o dos de largo”.
También las torres de vigilancia de la costa, con pasadizos incluidos, son objeto de leyenda. Así nos lo indica Carmen López en La Puebla:
“Las torres del Negro, Rame y Chichao están unidas por un pasadizo subterráneo, pero nadie puede entrar porque hay un negro que vigila un tesoro y tocando una palanca impide el paso”.
Cercano al Estrecho de Fuente-Álamo estaba el pozo del tío Palero, en el paraje conocido como Peralta. Los lugareños comentaban que partían del citado pozo galerías subterráneas del tiempo de los romanos.
Mucho se rumorea sobre galerías en nuestra comarca ya que al ser su orografía llana, sin posibilidad de refugio en la montaña o en el bosque, no quedaba más remedio que esconderse o huir de cualquier invasión o amenaza a través del subsuelo. Era el único recurso disponible.
También nos informan que desde la casa Pedreño, en el paraje de Los Pedreños, en El Jimenado, una de las casonas más antiguas de nuestro campo, arranca una galería que la comunica con otra gran casona “la Venta Nueva”, sita igualmente en los campos de la pedanía pachequera y que finalizaría en la desaparecida torre árabe de ElAlbujón. La familia materna de mi padre residió durante generaciones en la Venta Nueva y es él quien recuerda que: “al pasar por el dormitorio de mis abuelos se oían retumbar las pisadas como si el suelo estuviese hueco”. Cerca de la casa estaba la “cueva”, que sirvió de refugio en guerra, el acceso a dicha galería. Domingo Pedreño me cuenta que también comunicaba con la casa Tercia y la Casa Grande de El Jimenado. Los habitantes del lugar le han llamado tradicionalmente las “cuevas moriscas”, no obstante existe un caserío en El Jimenado que lleva por nombre Las Cuevas, precisamente. Pepín, un vecino de la zona, llegó a caminar hace unos años por un tramo de galería que quedó descubierto a raíz de unas obras de electrificación. Andaba con comodidad, aunque encorvándose un poco para no rozar su cabeza y pudo comprobar que existían ramificaciones.
Los moradores de los parajes de Los Balanzas y de Ventarique, en La Palma, saben, porque las han visto, y se han internado por ellas, de unas galerías construidas bajo tierra, utilizadas durante la guerra civil. No en vano existió “un campo de aviación en la finca de La Flora”, comentan. Aunque alguna opinión se oye de que posiblemente se construyeran para ser empleadas en la guerra cantonal, si es que no son incluso más antiguas. Uno de ellos clavó su tractor mientras labraba, descubriendo así en el subsuelo un aljibe “de los moros, con bóveda”.
José Sánchez Conesa













