Sinopsis histórica de los cantes de Cartagena
Durante muchos años, y siempre al lado del Maestro Piñana, fuimos exponiendo a través de la palabra, y en cuantos medios de difusión nos lo han permitido, el fundamento y EL PRINCIPIO Y LA HISTORIA DE LOS CANTES DE CARTAGENA ESTÁ ESCRITA. Y ESTÁ ESCRITA ASÍ:
A.- Cartagena, desde su prehistoria, fue un emporio minero. Diódoro de Sículo (Libro V, cap. XXXII) dijo, refiriéndose a Cartagena, “que en tiempos muy antiguos unos pastores de la Iberia encendieron fuego en los montes y habiéndose propagado aquel a las espesas y opacas selvas que lo cubrían, se extendió el incendio a casi toda la región montuosa. Perseveró el fuego largo tiempo, llegando a arder también la tierra, hasta fundirse y liquidarse el mineral argentífero que encerraba, el cual brotó a la superficie en forma de arroyo de plata pura…, los naturales del país desconocían de este metal… los fenicios descubrieron aquella riqueza, adquiriendo la plata – a los indígenas – a cambio de objetos de escaso valor… en un segundo viaje, para llevarse la plata que aún quedaba, arrojaron el plomo que usaban para anclas y lo sustituyeron con plata…” (Aristóteles, Strabón, Polibio. Silio Itálico y Posidonio), sobre este tema, se refieren en términos parecidos).
B.- Tito Libio, en la “historia de Roma”, Libro III, cap. IV, dice “que solamente en una parte de la zona minera de Carthago-Espartaria, que trabajaban para el Emperador 40.000 esclavos…, del Llano del Beal, con sólo 100 esclavos producían diariamente 25.000 dracmas”.
C.- Cuando la minería en Cartagena comenzó a tener importancia fue en plena época romana; y así nos lo describe Eduardo Cañavate: “Los iberos, conociendo la naturaleza del metal comenzaron a exportar sus celebres minas… Los romanos se hicieron dueños de las minas, y a quienes se encargaban de dirigirlas les entregaban gran número de esclavos…; los esclavos, mientras proporcionaban ganancias increíbles a sus amos, agobiados ellos en noche y día en las profundidades de las minas, sucumbían con frecuencia al peso del excesivo trabajo. No existía para ellos remisión ni descanso; los capataces los obligaban con el látigo a sufrir las penalidades más terribles y muchos morían miserablemente”.
D.- En el prólogo del Tomo I de “Memorias del instituto Geológico” se describe lo siguiente: “En la de la costa merecer figurar en primer término la de la sierra de Cartagena, famosa desde los más remotos tiempos de la Historia humana por su extraordinaria riqueza minera, aun cuando en realidad su nombre se deba, no precisamente a los minerales del hierro allí existentes, sino a la del plomo argentífero, que ha venido explotándose hasta nuestros días por los diferentes pueblos que ocuparon la comarca… De la importancia de las explotaciones de Cartagena puede juzgarse por el interesante recuerdo histórico del templo dedicado a Alteo a quien se alzaba en un montecillo inmediato a la Puerta de San José, y fue conservado después por cartagineses y romanos”.
E.- Jenofonte, llamado por la Historia el Justo, Libro X, pág. 309, escribió que “importantes ciudades de la Hispania entre ellas la antigua Mastía (Cartagena), asombraban en los laboreos de los metales”
F.- Don José G. Lasola, “Revista minera”, 1852, dice “que la zona más explotada por los romanos en Cartagena, fue la del Cabezo de D. Juan, Barranco Francés, Lomo de los Lobos, Rambla de la Boltada y Sanctis-Espiritus…”
G.- Asensio Sáez, recordando la constitución del jovencísimo municipio de la Unión, nos confirma que “crecen los núcleos mineros. Herrerías, Portmán, el Garbanzal y Roche solicitan la segregación del término municipal de Cartagena. Se accede a la petición. En el Ayuntamiento se conserva el documento en que se señala el Garbanzal como cabeza del nuevo municipio. Corre el día de San Silvestre de 1859. La primera sesión del nuevo Ayuntamiento se celebra el día siguiente bajo la presidencia del Alcalde, Don Antonio Saez”.
H.- Don Federico Casal, como cronista de la ciudad, dejó constancia de la tradición de Cartagena a las manifestaciones folklóricas, así nos dice que “no fueron pocos en Cartagena, los guitarristas y cantaores que florecieron y gozaron de merecida popularidad en el último tercio de la pasada centuria en que estaba, en todo su apogeo, el “cante jondo”… los guitarristas más populares: Antonio Ávila, Antonio Fuentes, Donato Miralles, Bartolo el de Oria (Cantador de Marín), Juan Recules, Juan González, El Polizón, Castillo, el Alfredo, El Alhameño, el Indalo, Manuel Perales y los hermanos D. José y D. Eugenio Bienert, estos no eran profesionales… de la ciudad y sus alrededores. Damos, a continuación, la siguiente relación de los más destacados cantaores: Ramón el Peluca, Los Nolascos, Joaquín Celdrán Peñalver, Pencho Gómez (éste cantaba coplas improvisadas por el trovero Marín), La Rioja de los Dolores, el Mendo y Juan Mena (de Santa Lucía), el Fanegas – de San Antón –, el Pereira (especialista en cartageneras), Andrés el de los Vidales, José el Pañocha, Paco el Herrero y Conchita la Peñaranda. En ese mismo y último tercio de la pasada centuria, hubieron diversos cantares que se hicieron populares. Muchos de ellos que aluden a los mineros, eran de Marín y el Rojo el Alpalgatero…
I.- Blas Vega escribió que “el rojo el Alpargatero, en 1884, tras una breve estancia en Málaga, donde nace su hijo Antonio, se establece en la Unión en 1885… Pone el Rojo una taberna en Cartagena…, en el Arco del callejón de la calle de Canales…, conocida por el Huerto del Carmen – ya había conseguido una cadena de establecimientos en la calle Duque, Honda y Caballero-… Allí, en el Arco, se encontraba la posada para bestias y averíos, cocheras de los tartaneros y aposentos para los arrieros en su mayoría, todos ellos buenos aficionados al cante.Tras la muerte del Rojo el Alpargatero, acaecida en 1.906 y hasta 1.920 en que desapareció el último de las grandes intérpretes cartageneros, Antoñito el Porcelana, seguidor del Rojo, Chilares, Paco el Herrero, etc., dejaron de interpretarse estos cantes en toda su pureza… Antonio Grau Dauset (Málaga, 1885-Madrid,1968) representa en la pureza tradicional del cante minero, la conservación, engrandecimiento y la transmisión del mismo… en 1.952, con motivo de un viaje a Cartagena, Antonio Grau conoce a Antonio Piñana, quien queda fascinado por el enorme y rico caudal que encarnaban los cantes de don Antonio. Desde entonces, Piñana se convirtió en su discípulo, prometiéndole que sería el continuador de la escuela, para lo cual no perdió contacto con él y fue bebiendo de sus sabias lecciones hasta llegar a conseguir la personalidad artística que hoy tiene…”
Garrigós, a través de sus estudios, siguen dejando confirmada esa constancia de que la Sierra minera de Cartagena (siempre se llamó así) fue la primera que albergó la práctica de la explotación minera de la antigua Iberia. Y, por supuesto, que fue el primer lugar en donde “los esclavos, proporcionaron ganancias increíbles a sus amos, agobiados ellos noche y día en las profundidades de las minas, sucumbían con frecuencia al peso excesivo del trabajo”… ¿Cantarían en el siglo primero de nuestra era los esclavos?... San Isidoro de Cartagena, hijo del Duque Severiano – Señor de Cartagena –, el que escribiera “los orígenes” (Las Etimólogas), donde compendió la Historia antigua de la Humanidad, además de historiador, humanista y místico, escribió – junto a su hermano Leandro – diversos tratados sobre la teoría de la música (recordando, simplemente, que dichas teorías estuvieron en vigor hasta finales del siglo XVII) San Isidro de Cartagena, analizando las costumbres musicales (¡lástima que San Isidro de Cartagena no cayera en “inventar”, en el siglo VII, el vocablo folklore!) de los pueblos primitivos, nos dejó escrito “que los trabajadores encontraban durante su trabajo canciones de amor que hacían sus faenas más gratas…”. Y hemos de pensar – por lo ingrato del trabajo – que los cantos (¿cantes?) de los mineros (esclavos) de aquella época prehistórica de la minería, e la Sierra de Cartagena, serían quejumbrosos y desgarradores, llenos de protestas y desesperación… (Se ha de suponer, 3.000 años después, que esta situación poco ha cambiado). Sin perder el hilo de esta sinopsis, nuestro análisis sobre este tema, como antes decíamos, se complementa con varias opiniones – citas – de prestigiosos escritores que, acertadamente o no, escribieron sobre los cantes de Cartagena y de su sierra minera; quedando siempre – por nuestra parte – respetada cada una de esas dentro del grado de subjetividad con que se expusieron. Y, para seguir, adentrémonos en ellas:
1ª.- Félix Grande: “Ya hemos anotado que en el proceso de decantación y despliegue formal de los cantes mineros intervinieron cantaores gitanos (…), en particular Manuel Torre y Pastora Pavón, aunque también, y acaso de manera más decisiva o motivando una mayor variedad melódica, habían de intervenir cantaores payos. (…), muy especialmente Antonio Grau Mora, conocido por la fama como Rojo el Alpargatero”.
Comprobamos que a la Historia se le da la vuelta como a una tortilla. A pesar de lo que afirma Félix Grande, de siempre se ha sabido por aquí, que primero fue Rojo el Alpargatero, La Peñaranda, Enrique el de los Vidales, Paco el Herrero, Perico Sopas, Pedro el Morato, el Pajarito y Juanito el Porcelana… después fue don Antonio Chacón. Recordando que Chacón pasó varias temporadas al lado del Rojo, invitado por éste; y sin olvidar, también, la sed del maestro jerezano por aprender – y mistificar – todo lo que rezumara a nuevo. Del Maestro de Jerez, don Antonio Chacón, aprendieron – imitaron – el Torre, La niña de los peines, etc.
2ª.- Ricardo Molina y Antonio Mairena: “hasta el siglo XX no contó la taranta con grandes maestros; éstos fueron casi sin excepción malagueños, sevillanos, gaditanos y cordobeses: el cojo de Málaga, Pastora de Pavón Manuel Vallejo, niño de Escacena, Manuel Centeno, don Antonio Chacón, Cayetano Muriel (Niño de Cabra). En cuanto al taranto seguramente fue un gran intérprete Concha la Peñaranda, pero el maestro de quién lo aprendió la mayoría ( en la actualidad) fue Manuel Torre (…), que lo grabó, por fortuna, legándonos así una admirable (…) versión gitana”.
Nuestra versión, y siguiendo la línea histórica en que se enmarca esta sinopsis, como antes dijimos, en que estos cantaores mencionados fueron muy posteriores al Rojo el Alpargatero, a Chilares, Peco el Herrero, etc. Y en lo referente a Conchita la Peñaranda, por mucho que hemos intentado “profundizar” para encontrar vestigios (concomitancias musicales) ajenos a los cantes de Cartagena, no hemos descubierto en sus cantes nada que se pareciera al Taranto… Apoyándonos, para asumir tal observación, en nuestro paisano y antepasado, don Federico Casal, cornista que fuera de la ciudad de Cartagena que nos dejó escrito que a don Antonio Grau Mora, alias el Rojo el Alpargatero se le considera como el inventor de las cartageneras, cantar de vida y pasión, populares en toda España. Y que Conchita la Peñaranda , alias la Cartagenera, debutó en el año 1883 en Cartagena…” Y, por otra parte, que Fernando de Triana nos dejo dicho que “allá por el año 84 se presentó en el primitivo café del Burrero una cantadora apodada La Cartagenera, que triunfó a toda ley, cuando costaba mucho trabajo triunfar: y más con un cante que no parecía andaluz…” ¡ Con toda seguridad que se trataría de un cante cartagenero!
3ª.- Antonio Piñana, padre, año 1.970: El periodista la pregunta; “¿Ha logrado plasmar en el microsurco toda la realidad de los CANTES DE CARTAGENA y su sierra minera? El maestro Piñana contesta: “Efectivamente, he gravado toda la gama, o casi toda, porque no había más cabida de nuestros principales cantes. Las tres modalidades de cartagenera que se conocen en sus tres estilos diferentes; el primitivo cante de taranta, o sea el cante matriz que se construyó apoyado en el único cante que existía a mediados del siglo pasado, llamado cante de “la madrugá”, y como además, otra taranta con los matices de esta región. La malagueña cartagenera clásica, que es un cante que es muy poco escuchado, pero de una emotividad y pureza enormes. Los cantes del “Pajarito” a Pedro el Morato… el fandango minero que es una verdadera semblanza del minero. Y como colofón – y lo más típico y antiguo de nuestra tierra – e incorporado también el cante del trovo y dos versiones de la célebre y antiquísima malagueña bolero, que siempre se bailó con postizas en el Campo de Cartagena”.
4ª.- Ricardo Molina y Antonio Mairena “las mineras no son sino una modalidad poco definida de la taranta”.
Ante la categórica afirmación, reafirmar también que, de acuerdo con el nacimiento cercano en el tiempo de este cante (29 años), debemos suponer que se trata de una modalidad poco definida de la taranta cante matriz.
5ª Julián Pmartín “las mineras representa el cante (el único cante, subrayamos nosotros) propio del municipio de la Unión, y en su caso en su forma más antiguas (¿) y características. Debieron aparecer a mediados del siglo XIX (…), derivado de los fandangos locales”.
A pesar de la opinión del señor Pmartín que primero fue la taranta cante matriz, las cartageneras, tarantillas, levantica, fandango, verdial minero, sanantonera, cante del trovo, malagueña bolero del campo de Cartagena, etc.… la minera, de acuerdo con los datos que obran en nuestro poder, como nombre se inventó “en el otoño de 1.961 ; y como cante se elaboro en el año 1.964.
6ª.- Antonio Parra ( Agosto de 1.993): “La minera, aunque con ese nombre y con su actual textura es un cante joven ha adquirido ya una nobleza…”
7ª Hipólito Rossy: “El cante fundamental de levante (Valencia y Murcia) es la taranta… la taranta tiene familia: un hermano, una hermanastra y una hermana pequeña. Son el taranto, la media taranta y la tarantilla… la familia tiene parientes…, el taranto de Linares y el taranto de Almería; pero su cuna es Cartagena”.
8ª.- Antonio Piñana, padre: “La taranta es el cante matriz de los diversos estilos mineros de Cartagena y su sierra minera… Las tarantillas, dentro de los diversos CANTES DE CARTAGENA, son las hijas menores de la taranta cante matriz”.
Finalizando esta sinopsis, teniéndose muy en cuenta esta diversidad de opiniones, y el tiempo y lugar que las mismas fueron vertidas, en ningún momento nos puede sorprender en hecho de que autoridades del Flamenco no acertaran al hablar y escribir sobre los Cantes de Cartagena: Si sus investigaciones no fueron completas; si siguieron el hilo de lo que otros dijeron, o configuraron – con gran imaginación – un posible marco al nacimiento de determinados cantes, con toda seguridad que algunos datos se les habrán escapado por esas poquísimas fisuras que a veces se permite la Historia.













