Articulos Flamencos

Por Cartageneras

La tradición al flamenco, a la trimilenaria Cartagena le viene de lejos, pues habrá que adentrarse en algunos de los acontecimientos acaecidos a partir del siglo XIX para encontrar las primeras referencias que la prensa local hace sobre este arte. Un dato que pone al descubierto esta costumbre es que, el topónimo de la ciudad da nombre a un cante propio: la Cartagenera, resultado del cambio musical que se produce en el folclore autóctono del Campo de Cartagena y su sierra minera, impregnándose algunos soniquetes de tintes aflamencados, proceso que dio lugar a la aparición de este bello cante. Lo confirma “El Eco de Cartagena” en el otoño de 1883, cuando publica que, en el “Café del Sol”, el público escuchaba a la nueva cantaora cartagenera Concha Peñaranda. Corroborando este debut, el escritor Andrés Barceló, coetáneo de Conchita, en su obra “Cartageneras” publicada en 1922, cuenta que por los alegres años del 1880 al 1890, las gentes artesanas deliraban por una copla cartagenera. Había en la Cartagena de entonces dos cafés cantantes; por el mencionado “Café del Sol”, situado en Puertas de Murcia, esquina al callejón del Conducto y Jabonerías, desfilaron los más famosos cantaores y bailaores de España, donde debutó y se consagró la popularísima Conchitala Peñaranda. En 1947, Federico Casal, escritor y cronista de la ciudad departamental, en su libro “Folclore de Cartagena” vuelve a corroborar tan interesante efemérides. Es un hecho evidente que, en el último tercio del siglo XIX, se produce el nacimiento del cante hegemónico de la ciudad portuaria, pero a tenor de otros datos contrastados, este no es el único que representa a Cartagena. Junto a Conchita, se ha de recordar a los artistas de renombre que compartieron cartel con ella, como fueron “el Rojo, el Alpargatero”, padre e hijo; “Morato”, “Pajarito”, Juanel Albañil”, “la Roja de los Dolores”, Juanitoel Porcelana”, PericoSopas”, Enriqueel de los Vidales”, “Chilares” y Pacoel Herrero”; cantaores que aumentaron el ya amplio abanico de estilos, aportando al Flamenco la Taranta, cante matriz; la Levantica, la Sanantonera, la Taranta de Cartagena, las Tarantillas de “el Rojo”, padre e hijo, del “Morato” y de “Pajarito”; la Cartagenera de origen, el Verdial Minero, el Fandango Minero, el cante del Trovo y la Malagueña Bolero del Campo de Cartagena. Queda contrastado que, entre los años 1880 y 1905, tuvo lugar la creación y el apogeo de todos los cantes de Cartagena, gracias a la participación de cantaores con reconocida calidad creativa. Pero no siempre ha sido así, porque estos peculiares estilos no gozaron de una continuidad duradera a través del tiempo, ya que a partir de 1907, con el fallecimiento de “el Rojo, el Alpargatero” padre, los diferentes cantes cayeron en el olvido y en un intolerante ostracismo.

Aunque a partir de los años veinte, cantaores locales trataron de mantener vigentes los cantes de Cartagena, la inclinación de los artistas por el gorgorito y el cuplé no permitió que el flamenco, el más original, medrara en los escenarios, y fallidos fueron también los intentos que llevaron a cabo cantaores locales como “Guerrita”, “Fanegas”, Manuel Peralta, Patricio Alarcón, “el Mendo”, “el Rampa”, “el Estanquero”, “Montañita”, Carmelala Fea” y Roqueel de las Máquinas”, entre otros, que intentaron rehabilitar los cantes de su tierra. A pesar de todo ello, por los años veinte del pasado siglo, en el verano de 1924, se produjo un grato acontecimiento en el barrio pescador de Santa Lucía, en la cerca del señor Spottorno, y así lo anunciaba “El Eco de Cartagena”: Concurso de Cante Jondo. Tomaron parte en él diferentes cantaores que fueron aplaudidos por el público que llenaba la cerca. El jurado dio los premios primero, segundo y tercero a los artistas conocidos por “el Rampa”, “el Mendo” y “el Guerrita”. Este evento, quizás por su enorme repercusión, volvió a repetirse pocos días después en la ciudad. El concurso estuvo organizado por la Cofradía California, con el objetivo de recaudar fondos para las procesiones. Por los numerosos comentarios que aporta la prensa local sobre estos espectáculos, podría decirse que, el experimento llevado a cabo por vez primera en la ciudad a cargo de promotores de Cartagena, pronto fue puesto en práctica por otros avispados organizadores de espectáculos, copiando la iniciativa, lo que dio lugar a que se produjeran concursos en diversos barrios de Cartagena, extendiéndose a la ciudad minera de La Unión en 1925, a Murcia capital y a otras localidades de la Región. Pero los cantes de Cartagena, los creados por “el Rojo” y sus amigos, brillaban por su ausencia en dichos espectáculos. Pasaron casi inadvertidos en los años treinta, cuarenta y cincuenta, sin que se pudiera escuchar una Cartagenera o una Tarantilla Minera en boca de un cantaor local, lo que permitió que se padeciera un largo periodo de inactividad, hasta que en el año 1964, Antonio Piñana padre, propusiera a don Isidoro Valverde, el entonces Concejal de Festejos del Ayuntamiento de Cartagena, que se creara un concurso de cante, donde se premiara la Cartagenera como estilo hegemónico de la ciudad, y al resto de cantes que él, a través de las enseñanzas del hijo de “el Rojo”, había puesto nuevamente en vigor.

He querido hoy arrancarme por Cartageneras, referirme a la historia de nuestro folclore, a nuestra Historia, con el fin de recuperar la memoria de nuestra tradición, porque no dudarán que es algo muy nuestro y que lo tenemos un poco, bastante, diría yo, olvidado. En días pasados, me incorporé a una tertulia flamenca en el barrio de pescadores de Santa Lucía, donde quien nos invitó, preparó, acompañando a un exquisito “Mirto” de Bodegas Ramón Bilbao, unos platicos de companaje, como así lo comentaron los contertulios de nuestro campo y de la serranía de Huelva, para enriquecer aún más la tertulia, donde al final, el sonido de la guitarra amenizaba las conclusiones de que se debe retomar ese pedacito de Historia Cartagenera que nos contaron a mí y a los quince amigos que nos reunimos en torno a la guitarra, el vino y las Cartageneras, cantaores guitarristas y conocedores de este género. Por ello, en breve tendremos otra sentada con el mismo tema, y espero poder lanzar desde esta página, la noticia de que resurgen las Cartageneras en nuestra Trimilenaria, para llegar a tener un gran festival, y que nos sintamos orgullosos de nuestras cosas, que como el grupo musical “Venezuela Tambor y Canto” manifiesta: “Conocer y amar nuestro folclore es honrar el lenguaje de nuestra bandera.

Tomás Martínez Pagán