Artículos Flamencos

Cartagena, la Cartagenera y el Flamenco

El Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en reunión celebrada en Nairobi (Kenia), ha declarado el Flamenco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La Región de Murcia, juntamente con las de Andalucía y Extremadura están de enhorabuena. Y la ciudad de La Unión, con su consagrado Festival Internacional. También es importante la aportación de Cartagena, cuna de la “cartagenera”, un cante que nació en la típica calle de Canales y que, con ocasión de los certámenes de los cantes en La Unión, se consolidó siendo decisivos a este respecto, juntamente con otros excelentes unionenses, Antonio Grau Dauset –hijo de El Rojo el Alpargatero- y Antonio Piñana Segado, padre de una estirpe de guitarristas y cantaores, que estuvieron presentes en el nacimiento de los Festivales en los que también tienen un especial protagonismo la minera y la taranta.

Es Juan Ruipérez Vera, en su obra “Historia de los cantes de Cartagena y La Unión”, uno de los escritores que recogen la relación de la calle de Canales con los cantes. Según él "la cartagenera por sus formas en lo musical y literario (coplas) está más cerca de lo urbano que de la Sierra Minera". Su nacimiento como cante que puede llamarse flamenco se produce a mediados del siglo XIX quedando perfeccionada su estructura musical en el año 1880. La mayoría de sus caracteres musicales los adquirió de un ramillete de cantecillos que eclosionaron de unos sones folclóricos que desde antaño eran conocidos con el nombre de la madrugá.

Sobre la cartagenera, su principio y el ambiente donde se prodigó, el que fuera cronista oficial de Cartagena Isidoro Valverde Álvarez, escribió: “En Cartagena nacía y crecía un cante propio, la cartagenera, cuando en los ruedos de España toreaban Guerrita, El Espartero, Bombita, Machaquito y don Luis Mazantini; cuando Vicente Pastor empezaba a dar mucho que hablar". Nacía crecía este cante cuando proliferaban los cafés cantantes y en el teatro se cultivaba el género chico; cuando el “Manco”, enloquecido, con un cuchillo en la mano indemne, y en el camino de El Garbanzal a La Unión, hería a varios hombres, a uno de ellos mortalmente, suceso que inspiraría al trovero cartagenero Marín la célebre quintilla: Como corral sin gallinas se está quedando La Unión: unos, que matan las minas; otros, que se lleva Dios, y otros, que el “Manco” asesina.

Cantaron bien la cartagenera dos mujeres: una de Cartagena, Concha la Peñaranda, y otra de La Unión, Emilia Benitola Satisfecha”. Emilia Benito –que había popularizado la cartagenera Anda y dile a la Gabriela- cantó un día en medio de la calle de Atocha, en Madrid, a beneficio de un ciego que, acompañado de su guitarra, pedía la voluntad. Emilia –ya figura, artísticamente- atrajo gran auditorio con su canto, y después con el sombrero de un amigo que le acompañaba, recogió para el invidente la voluntad, que fue muy lucida.

La cartagenera pura y auténtica se forjó, a finales del siglo XIX, en una taberna de la calle de Canales donde se reunían a cantar, cuando daban de mano en sus faenas cotidianas, el Rojo el Alpargatero –artífice de este cante-, Enrique el de los Vidales, Paco el Herrero, Chilares, el Pajarito, Juan el Albañil, todos ellos cartageneros, y Pedro el Morato, almeriense con querencia a Cartagena. Allí cantaban, quitándose de vez en cuando las telarañas del galillo –como debe ser- con el buen vinillo de la tierra. Y cantando le llegaba la incierta madrugada, porque cuando se canta ese cante, la noche no tiene tapias…En la calle de Canales cantaba Paco el Herrero. Lo acompañaban Chilares, el Rojo el Alpargatero y Enrique el de los Vidales.

Junto a Isidoro Valverde otros autores cartageneros, coetáneos de los mencionados en la copla, califican a Conchita Peñaranda como la principal intérprete de este nuevo estilo. Y Fernando el de Triana en su libro Arte y Artistas Flamencos, dejó escrito que la artista cartagenera difundió este nuevo estilo por toda Andalucía, apostillando, además, que el cante, para más señas, no era andaluz. Nos referimos a la cartagenera grande.

En cuanto a la cartagenera de origen, del Rojo, padre, nació también en Cartagena y el ambiente que la vio crecer fue el que se vivía en la posada del Rojo, en el Arco Callejón de la calle de Canales, en el casco antiguo de Cartagena, lugar donde se reunían arrieros y tratantes después de largas jornadas de trabajo. Evocando aquel tiempo –como recoge Ruipérez Vera- en Cartagena sigue existiendo un rincón urbano entrañable, formando plazoleta, cuyo nombre responde a plaza de Alcolea. A este emplazamiento, incrustado en el tipismo cartagenero, los nativos lo siguen llamando cariñosamente la Plaza de los Carros, encontrándose muy cerca de ella la calle Huerto del Carmen, lugar donde quedaba ubicada la posada del Rojo el Alpargatero. Por mediación de Piñana se supo de un relato de su maestro Antonio Grau sobre una de las quintillas utilizadas para cantar esta cartagenera. Piñana comentaba que el hijo del Rojo cuando residió en Madrid con motivo de cursar sus estudios en la Universidad conoció al cantaor Escacena, según afirma José Blas Vega. Antonio Grau le comentaba que tanta admiración le demostró Escacena al saber que él era el hijo del Rojo el Alpargatero, que se le pegó como una lapa, y a pesar de estar conviviendo en la misma pensión, no tuvo más remedio que acogerlo en su habitación y ponerle un colchón en el suelo dejándole dormir a su lado.

Antonio Grau Dauset y el cantaor sevillano intercambiaron los cantes que conocían, teniendo la oportunidad Escacena de aprender, entre otros, la cartagenera del Rojo. Durante el tiempo que Antoñito Grau estuvo en Madrid su inseparable amigo Escacena compuso una letra alusiva a su padre, interpretándola con la musicalidad de la cartagenera de su progenitor; más tarde, como cantaba el hijo del Rojo, cuando regresé a La Unión le canté a mi padre su cartagenera con la letra que había hecho Escacena, que decía así: En la calle de Canales se me perdió mi sombrero. Quién se lo vino a encontrar, el Rojo el Alpargatero y no me lo quiere dar.

Grau le relataba a Piñana que su padre escuchó atentamente la letra de esta cartagenera y no pudo salir de su asombro debido a que mi padre nunca conoció a Escacena, y al no parecerle que esto viniera a cuento, él, muy contrariado, quiso contestarle con otra que desmintiera que el cantaor sevillano perdió su sombrero en Cartagena; y la copla es ésta: Anda diciendo Escacena que tengo yo su sombrero, y a presidio me condenan, pero sabe el pueblo entero que él no estuvo en Cartagena.

No cabe duda de que la calle de Canales es una calle con solera y peculiar en la historia de Cartagena. Con la Posada Jamaica, el espíritu de los intérpretes, el origen de la cartagenera y el nacimiento de la académica Carmen Conde en sus aledaños de la calle de La Palma. Es una calle entrañable, que puede presumir de ser la cuna de uno de esos cantes que ahora se ha hecho Patrimonio de la Humanidad: la cartagenera.

José Monerri, cronista oficial de Cartagena.