Discurso de los nuevos letrados del Ilustre Colegio de Abogados de Cartagena

Como representante de mis compañeros que se colegian aquí, hoy conmigo, y en este acto solemne, en la ciudad milenaria de Cartagena, quiero hablarles de varías cosas, aunque la primera de ellas será de la familia, núcleo histórico y esencial de la sociedad occidental. Lo comento porque, sin duda, este Ilustre Colegio de Abogados de Cartagena es una familia en el sentido amplio del término, y además, no una familia cualquiera sino un Gran Familia.

Lo que nos enorgullece a los nuevos letrados, es tener la posibilidad de pertenecer a esta Gran Familia, porque aquí aún se conservan aquellos grandes valores que representan a tan tradicional institución, que algunos en la actualidad pretenden reducir a la nada. Estamos seguros de que, en este Colegio aún perviven los valores y la esencia de una gran estirpe, como por ejemplo honrar a los padres, y por ampliación a los que nos precedieron. Los cuadros que hay en la entrada a este salón de actos, demuestran lo que estoy tratando de argumentar.

¿Cuantas familias hoy se sienten orgullosas de sus antepasados? No lo sabemos, pero tal vez no sean demasiadas. Lo que sí podemos afirmar es que en esta Gran Familia sí dignificamos a los nuestros. Por ejemplo a nuestro Decano Luis Ruipérez Sánchez, a Miguel Ángel Rodríguez de Miguel, a Carlos Agulló Benedí, a Francisco Garceran Dodero, a Andrés Ayala Hernández, a Joaquín Navarro Coromina, a Eduardo Espín Vázquez, a Ángel Moreno Martínez, a Luis de la Guardia y Miro, a José González y Fernández, o a nuestro pater familias por antonomasia Leandro Madrid Martínez, colegiado número uno. Todos ellos fueron unos hombres honrados y unos caballeros, por eso los queremos nombrar a título de pequeño homenaje en la mañana de hoy, coincidente con el aniversario de la fundación de este Ilustre Colegio.

En segundo lugar, les comento que desde ciertas altas instancias y preferimos no nombrar ninguna, se está tratando de perturbar nuestro vocabulario. Como siempre, abanderados por la razón de adaptarlo a los nuevos tiempos, tratando de tirar por la borda el rigor y la ciencia del correcto término jurídico. Ya hemos tenido algunos intentos de cambios en estos últimos tiempos, como el derecho a una muerte digna o la violencia machista, entre otros, y por supuesto, habrá muchos más.


Fuente: www.cartagenadeley.es | Viernes, 19 de noviembre de 2010

Lo comentamos porque la semana pasada estando en la escuela de practicas jurídicas nos llegó un “Test de evaluación del uso del lenguaje jurídico” cuando poco sospechoso, con preguntas del tipo: “¿considera que, en general, el ciudadano medio entiende el lenguaje empleado por los juristas españoles?

La evidente respuesta a dicha pregunta es que no, al igual que tampoco se entiende el vocabulario de los farmacéuticos, o el de los médicos, o el de los psicólogos o incluso el de un electricista o el de un tubero. Por eso pensamos que no se puede tratar de perfilar o maquillar el vocabulario específico de ninguna profesión y menos aún, el de una ciencia milenaria como el derecho. No creo que por decir “predio sirviente” alguien se vaya a sentir ofendido, lo que sí que haremos es adaptar nuestro lenguaje al nivel de entendimiento del auditorio donde nos encontremos, pero nunca perturbando el verdadero y auténtico significado de las palabras e instituciones jurídicas que utilizamos desde antaño.

En tercer lugar, queremos hacerles saber que somos gente valiente. Y lo digo porque ser autónomo hoy día – es decir trabajador por cuenta propia –, es ser valiente, no tenemos la menor duda. En los tiempos que corren, la mayoría de los estudiantes quieren ser funcionarios y en consecuencia servir al Estado. Nosotros no, puesto que confiamos en la libre iniciativa de las personas y somos concientes que son las empresas y sus trabajadores los que mueven una nación. Sabemos que nos enfrentamos a un futuro más incierto que nunca por la gravedad de la situación social actual, pero que afrontamos con determinación y valentía. Creemos que sólo nos falta la confianza de los demás y tener esa racha de suerte que muchos de los abogados veteranos que ahora nos escuchan encontraron, en mayor o menor medida, y que les sirvió para encarrilar sus carreras profesionales. Pido por que también sea así para los que hoy juramos, y para todos.

En cuarto lugar, consideramos que, la Abogacía es uno de los pilares de la estructura más íntima de nuestras ciudades, la consideramos tan importantes como las instituciones más antiguas de nuestra sociedad, es una fuerza impulsora que guían a todas las personas en su devenir, en la defensa de sus derechos. Por eso nosotros estamos aquí, porque queremos continuar con la función de ser consejeros familiares y sociales por excelencia, tal y como ya reconocía el Tribunal Supremo español al inicio de la II República Española.

Seguramente que nos quedarán muchos aspectos sin señalar en este discurso, pero hay uno del que no podemos olvidarnos y al que queremos hacer mención de forma muy especial: La división de poderes en España, muchas veces más nominal que real por la constante inmiscusión de unos sobre otros, lo que perturba gravemente su función. No nos referimos a la separación de poderes que anunciaba nuestro maestro Montesquieu, que hoy ya es producto de la nada y por lo tanto de la historia. Tampoco me quiero referir a que en España tengamos, algo así como, una jerarquía de poderes, con el ejecutivo a la cabeza; Ni tampoco quiero señalar las atribuciones jurídico-políticas tanto del Tribunal Constitucional, como del Consejo General del Poder Judicial, que consideramos que son susceptibles de mejora.

A los tres poderes clásicos hemos de añadir el conocido como “cuarto poder” que en los últimos años está actuando con más peso y de una manera totalmente polarizada en nuestra sociedad. Estamos hablando de los medios de comunicación y, por supuesto, de Internet. Por eso, desde esta tribuna, quiero reflexionar en voz alta sobre esta nueva forma de poder, ya que se ha convertido en una fuerza inexpugnable, líderes de masas y capaces de controlar y convertir a un mero imputado en el mayor de los reos. Es función de todos los profesionales, jurídicos y comunicadores, como antes decía, formar opiniones sólidas basadas en la realidad de los hechos, en sus correctos fundamentos de derecho y en un lenguaje adaptado pero preciso.

Antes de terminar, quiero comentarles que para los que hoy juramos es un gran honor ser investidos como letrado en el Ilustre Colegio de Abogados de esta ciudad trimilenaria. Que hallamos llegado hasta aquí muchos de nosotros se debe a la persistencia y diligencia de nuestras familias, quienes en todo momento nos han apoyado e incluso en algún supuesto obligado a no tirar la toalla, a ser persistentes y a tener capacidad de sufrimiento, cualidades sin las que, en la sociedad del bienestar, sería imposible conseguir ser unos buenos letrados y ciudadanos. De ahí la importancia de cuidar y preservar esta tradicional institución, como mencionaba anteriormente.

En este acto y en adelante contamos también con la ayuda de nuestros padrinos, de este ya nuestro Colegio y de la Escuela de Prácticas Jurídicas, Para que puedan alumbrarnos en nuestro camino y ayudarnos como lo hizo nuestra Gran Familia biológica.

Sabemos que es mucho pedir, pero ustedes pueden conducirnos en la oscuridad, no tenemos la menor duda. Afirmamos que somos una buena generación, aunque victimas de sistemas educativos cambiantes y algunas veces sin grandes ambiciones educativas. Tal vez nunca hayamos entendido que el trabajo dignifica a la persona y que este, junto con la justicia son aspectos muy importantes en la vida de un hombre. Contamos con ustedes para que confíen en nosotros, para que nos den la alternativa en esta apasionante profesión y que nos ayuden a trasformar nuestros primeros y vacilantes pasos por los sinuosos caminos de la Justicia en un caminar firme, comprometido con la deontología de la profesión y los intereses que nos toque defender.

Con una saludo sincero para todos y evocando la nostalgia de lo que algún día vivisteis vosotros mismos, al comenzar vuestra singladura profesional, os agradecemos el apoyo que nos prestáis desde ya con la asistencia a esta ceremonia.

Muchas gracias.

Antonio Casado Mena