Va por ustedes

Por todo y por ello, quisiera dedicar este post a ELLOS, A LOS HOMBRES, sin los que "Por el Amor de Dior" no sería posible porque en gran medida inspiran la mayoría de historias (o no) o al menos están presentes para bien o para regulín, he he he. (Risa malévola).

Hecha esta pequeña aclaración, tras escuchar a las escasas pero cualificadísimas voces masculinas que me han leído con detenimiento, y con quienes he debatido a veces hasta la saciedad sobre miles de cuestiones, he decidido coger al toro por los cuernos y enfrentarme a la cruda realidad.

¡Tachán! "Por el Amor de Dior" os quiere rendir un sincero y glamouroso homenaje y voy a poner por escrito todas esas cosas que me habéis confesado en este tiempo, porque en el fondo tenéis más razón que unos santos. Pocas veces la tenéis, pero a veces también sois humanos, y lloráis, y sufrís y queréis y sois "dejados" con excusas baratas por nosotras. ¡Mujeres del mundo! ¡Admitidlo! ¡No vale ser siempre las víctimas del amor!

Así que, aunque sólo sea por dar lugar a cierta ecuanimidad en este blog (que no IGUALDAD), procedo a enumerar las conclusiones a las que he llegado después de mantener largas conversaciones con muchos y muy variados "ejemplares" del sexo contrario para ahondar en todas esas COSAS QUE LOS HOMBRES NO PUEDEN SOPORTAR DE NOSOTRAS Y QUE LA COBARDÍA LES IMPIDE CONFESAR, (y por ello inventan las temidas excusas low cost para salir huyendo).

1.- Las discusiones y el síndrome premenstrual: Oh Dior mío, éste tema daría para mil posts, pero en resumidas cuentas, lo que nos vienen a decir es que no pueden entender que montemos POLLOS de cualquier cosa y por cualquier motivo con todos los recursos dramáticos a lo Kill Bill, y toda la crueldad del mundo para acabar echándole la culpa "a la regla" y pelillos a la mar. Chicas, esa excusa ya no vale en el siglo XXI. El chantaje emocional-hormonal es un NO-NO-NO. ¡Comportáos, vamos! Que se supone que el tipo os interesa un mínimo. No le maltratéis como si fuérais la dueña del Motel de Norman Bates ¿O queréis que os envíen a Shutter Island?

2.- En el plano material, los hombres tampoco soportan a las mujeres que esperan regalos y detalles CONSTANTEMENTE como una especie de norma no escrita. Aseguran que se sienten presionados y avergonzados cuando no pueden "cumplir" con este tipo de "costumbre" y aunque no lo confesarán nunca, acaban cogiendo manía a la moza. Así que ya sabéis. Menos es más, no seáis unas bicharracas consentidas y no vayáis por la calle mirando los escaparates soltando "frasecitas lapidarias" al aire del tipo: ayyyyy mira que chaqueta más ideaaaal como me encantaría tener una iguaaaal, o dejar abiertas revistas de moda por páginas incriminatorias para que el mozo pille la indirecta, o peor aún, poner estados en Facebook sobre lo rápido que se te pasaría la depresión si tu novio pasara por Juteco y te repusiera el perfume que se te ha acabado por casualidad. ¡You golddiggers!

3.- Los jueguecitos sentimentales: Aquí también tenemos otro hueso duro de roer. La mayoría de mujeres nos pensamos que somos criaturas inferiores pero con telepoderes dignos de Cuarto Milenio para adivinar los pensamientos o manipular las voluntades ajenas. ¿A que sí? Y nos metemos en unos jardinazos cuando nos empieza a gustar alguien con los mensajitos, las llamaditas y las quedadas (o los no-mensajitos, las no-llamadas, las no-quedadas) de agárrate.

Me contaba uno de los pobres encuestados que se ha prestado a este estudio que en general ELLOS se prestan a los juegos porque no les queda más remedio, pero sabed que en el momento en el que NOSOTRAS estemos pilladas... GAME OVER. Aquí ya viene la debacle: el mozo necesita "espacio", empieza a sentir agobio, el juego deja de ser divertido, la mujer ya no es ese ser misterioso y atractivo y se agarra al teléfono como a la vida para cogerlo casi antes de que suene o bombardear el iphone del otro con 500 mensajes diarios, etc. Vamos, total failure. Mejor no meterse en fregaos que luego no se van a poder mantener. Cálmate y házte un té antes de coger cualquier dispositivo electrónico, por el amor de Dior.

4.- La superficialidad: Nos creémos Séneca chicas. ¿Verdad? Como hemos sacado siempre mejores notas, hemos estudiado normalmente más carreras o masters, leemos quinientos libros al año y sabemos más idiomas, nos pensamos que somos el NON PLUS ULTRA. ¿Me equivoco? Pues somos unas auténticas superficiales a sus ojos. No les gusta nada cómo nos comportamos en público cuando vamos en manada y ponemos a parir a otra que no está. Cuando cuchicheamos sobre alguien en una mesa de un restaurante, cuando nos tiramos 3 horas hablando por el móvil sobre cosmética, cuando hablamos de mesoterapia, cavitación y otros tratamientos que nos hacen endeudarnos hasta las trancas, cuando tenemos en casa revistas del corazón donde salen mujeres con menos ropa que en las propias revistas masculinas, cuando nos tiramos un día entero de mala leche porque la peluquera se ha sobrado siete pueblos cortando las puntas y nos ha cobrado 50 eurazos, etc.... ¿De verdad que así nos van a dar el Premio Nobel?

5.- El maquillaje: Lo siento, lo siento, lo siento. Tenía que decíroslo. Los hombres adoran a las modelos/actrices y van maquilladas en las fotos. Pero odian el maquillaje "per sé". No se sabe por qué motivo pero hay cosas que son así. Les horroriza la raya cleopatra, el supergloss con sabores acrílicos, las tendencias terracotta para el verano, los correctores antiojeras que te hacen parecer un mapache, las máscaras superlonglasting pestañas, etc.

Y nuestra respuesta es lo peor.... ¡¡Tendrías que ver a fulanita Jolié o a menganita Fox sin pintar !!!! Ya... creo que no tengo que explicar que no somos esas criaturas divinas. Así que tú veras, o alquilas por horas al estilista de Smashbox Studios de Los Ángeles, o tu destreza con las pinturas bien vale que la dejes a un lado. No es por los productos. Es por tí, salvo que te dediques de manera profesional a la estética.

6.- Esas lecciones de anatomía chusquera a lo Saber Vivir : No pueden con ello. No quieren ni oir toda esa cantidad de detalles que soltamos por la boca sobre las mil y una enfermedades, dolencias crónicas o agudas que hemos venido padeciendo desde que nos detectaron intolerancia a la gamba mediterránea en la unidad de neonatos de La Paz.

Los hombres son ¡cobardes! Odian a los médicos, no les gustan las enfermedades, nunca se ponen malos y si lo hacen, NO LO CUENTAN. Deja de contarle al tío que te encanta tus exhaustivas revisiones al ginecólogo, tu último episodio con una de tus maltrechas articulaciones o cómo ha ido tu última endodoncia con el dentista porque NO lo quiere saber. ¡Ca-lla-te!

7.- Lo que me recuerda, que todos han coincidido también en no poder soportar esos JUICIOS sumarísimos que hacemos sobre nuestros cuerpos, y no precisamente en términos de salud. No nos gusta nuestro pelo, ni nuestra piel, ni nuestra celulitis, ni nuestra carne, ni la altura, ni la talla de pecho, ni las caderas, ni los dientes, etc.... Cuando escuchan una retahíla así ¡no pueden entender tanta crueldad humana contra uno mismo!. Y lo que es peor, lo que antes había pasado desapercibido, ahora es una EVIDENCIA! Arggggg ¿Estáis locas? Para eso, mejor os llenáis de post- its a modo de flechitas señalando todos vuestros defectos físicos y os ahorráis la verborrea. Además, igual el mozo hasta se ríe más con los post-its fluorescentes que con un sermón sobre lo mucho que odiáis vuestra genética y lo poco que os cunden vuestros esfuerzos por luchar contra las fuerzas de la naturaleza.

8.- El librepensamiento: Volvemos a lo de antes. Nos creemos Séneca, Rappel, Churchill y toooodos personajes históricos que nos venga bien en cada momento crítico a la hora de enfrentar cualquier problema de grandísimas magnitudes. Por eso, nuestro librepensamiento es un error garrafal que los hombres ni pueden entender ni soportar. Lo resumiré en pocas palabras: "Es que yo pensé, que yo creí, que me dijiste pero yo me imaginé pero pusiste cara de, entonces yo interpreté que... MONTO EL DRAMA Y ME PONGO A LLORAAAAAAAAAAAAAAAR"

9.- Las preguntas capciosas: Para ellos, hacer una aparición estelar con un dilema moral del estilo ¿Me queda mejor ésto o lo otro? o ¿Me notas algo distinto? o ¿Crees que estoy más delgada que tu hermana ? Son siempre sentencia de muerte. Siempre hacemos estas preguntas a pillar. No hay respuesta correcta. Somos malas. Buscamos hacer pasar un mal rato por gusto y no hay escapatoria ante semejantes cuestiones. Es como el impuesto revolucionario abertzale. Pido disculpas en nombre de mis congéneres, pero no se puede erradicar. Vosotros tenéis el fútbol y giráis genéticamente la cabeza hasta desnucaros cuando pasa una chati y nosotras nacemos con el don de la pregunta farisáica. Mala suerte.

Y se me quedan mil cosas más en el tintero pero se me está haciendo largo el post. De todas formas, espero de nuevo vuestras valiosísimas aportaciones porque gracias a ellas puedo seguir escribiendo cosillas de la vida misma, que no elevarán el intelecto, pero os distraerán un ratín de vuestros quehaceres.

Irene Sanz

Comentarios

Antonio Casado :15/1/11 a las 14:41
Agradezco la participación de Irene Sanz en atoja.es. Su artículo significa un alivio para todo hombre. Ya esta bien que una mujer lance un capote por nosotros...
 
Irene Sanz:25/1/11 a las 02:17
Gracias a tí, Antonio, por haberte fijado en mi blog y darme semejante difusión publicando uno de los post en tu página. Y por supuesto, los hombres sois maravillosos aunque a veces las señoras no os entendamos.Sin embargo... ¿De qué hablaríamos o por quién lloraríamos o por quién dejaríamos de dormir por las noches las mujeres si no fuera por vosotros?
 
Antonio Casado :30/1/11 a las 23:14
Me fije por qué me llamó bastante la atención, es difícil encontrar artículos desde ese punto de vista. Además, después de salir en TVE1 – hablando como hablaste – ya no hubo dudas. Gracias por tu colaboración.