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Un gobierno contra las cuerdas

Decía Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, que “No es bueno gastar el dinero antes de ganarlo”; algo que puede parecer una obviedad, pero que en nuestro país, sin ir más lejos, no han dejado de saltarse a la torera nuestros políticos, de uno y otro color, ni por un sólo instante. Los años de mandato de ZP, qué duda cabe, pasarán a la historia de España como “El Septenio Negro”: no existe ahora mismo, en nuestra nación, ámbito que nose halle maltrecho, insano y corrompido. El Gobierno, cual apisonadora, ha acabado con cualquier vestigio de eficiencia económica, garantía jurídica o racionalidad educativa existentes en la vida pública. Durante todo este tiempo, Zapatero ha encarnado, eso sí, exento de ayuda divina, el poder omnímodo de las infaustas plagas bíblicas.

Con el agua al cuello, Pérez Rubalcaba ha puesto a toda la maquinaria del partido a trabajar en busca de aquella estrategia que le conduzca a la victoria en los comicios del 20-N, o, al menos, no le permitan cosechar los peores resultados de la historia del socialismo español. Televisión Española, por su parte, hace lo que puede, emitiendo documentales del frustrado golpe del 23-F en verano, sin conexión temporal alguna con la efeméride.

El aclamado, desde las filas socialistas, impuesto contra los ricos añade un punto más de demagogia al discurso articulado por los dirigentes del partido de Pablo Iglesias. A cualquier mente, más o menos alumbrada, no le pasa por alto el pensamiento de que el capital, de aquellos que pueden ser calificados de realmente ricos, se encuentra evadido allende de nuestras fronteras.

Pero el candidato Rubalcaba no desiste. Y en el colmo de la marrullería electoralista ha prometido a los licenciados, en paro, un empleo con el cual ganarse la vida. Aunque para ello tenga que presionar (sic) a las empresas para que los contraten.

A todo esto, la oposición desarrollada por los populares se basa en pasar desapercibido, en no inmiscuirse en cuestiones delicadas que provoquen la movilización de la llamada izquierda sociológica. Algo que perciben los socialistas con absoluta nitidez y que en campaña electoral intentarán aprovechar al máximo. En los debates televisados, que alguno habrá, podremos observar a un Rubalcaba incisivo y venido a más, abalanzándose, dialécticamente, sobre un Rajoy timorato y muy incómodo a la hora de abordar cualquier cuestión ajena a la economía.

Francisco Javier Torá Jiménez

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