La Soberbia y la Indignidad: reflejo de una sociedad sin valores

Siempre he entendido la soberbia como un mal, como un pecado, pero tras analizarla en profundidad he observado que la soberbia es la raíz misma del pecado. Puede, además, llega a considera a la persona por encima de todo y de todos. De ella, viene la mayor debilidad, de cualquier persona al creerse por encima de todas las personas e incluso en su máxima expresión pretendiendo, incluso, estar por encima de Dios.

La soberbia no se trata de lo orgulloso que eres o puede llegar a ser, sino del menosprecio de lo que es el otro, el no valorar a los demás o dicho de otra forma no reconocer a tus semejantes. Quizá lo más penoso de la soberbia sea que imposibilita la armonía y la convivencia dentro de los ideales humanos, negando la humanidad de los demás y negando la de cada uno de nosotros. Vivimos en un mundo apartado de la realidad, en el cual nos creemos estar por encima del bien y del mal. Nosotros somos los mejores, somos dueños de nuestro cuerpo, nadie puede inmiscuirse en lo nuestro, no necesitamos rendir cuentas a nadie. La ley es mi ley y las reglas son las mías y las de nadie más. Hoy rendimos culto al cuerpo, a nuestro cuerpo. El egocentrismo ha alcanzando niveles pecaminosos, donde se destaca la admiración, la exaltación y el elogio a la figura humana. Señalaba Chesterton que, "cuando el hombre deja de creer en Dios, empieza a creer en cualquier cosa".

Por otro lado, La "dignidad" es una vía o una forma esencial para ser felices.¿Por quó dignidad y no cualquier otra cosas? Pues muy sencillo, la dignidad significa "calidad de ser digno", esta definición es tautológica pero resume, en esencia, lo que en verdad es. La dignidad equivale a autonomía pero no desde un punto de vista de hacer lo que quiero o lo que me da la gana, sino como señalaba Platón "solo es señor de sus acciones el que sabe y se gobierna a si mismo". En definitiva, esta gente ha perdido el control en sus vidas, es decir su capacidad de autogobierno, ellos son capaces de renunciar a lo irrenunciables, de vender incluso su alma al diablo. Hoy con tener dinero para "el botellón" y para el fiestón, es suficiente. Da igual comer o dormir bien, eso no importa, ya no es una prioridad. Según afirmaba Mario Conde: "Estamos en una sociedad en crisis, pero no económica, sino en una crisis de valores"

Antonio Casado Mena