¿Quién manda/debería mandar aquí?

Se plantea en público esta cuestión : ¿quién manda aquí? ¿Los mercados, los políticos, la sociedad, los medios de comunicación, los banqueros? ¿Quién debería mandar? Se me ocurren las siguientes consideraciones a este respecto:

Para ver la cuestión desde una perspectiva distante, quizá sea bueno salirse un poco de la realidad tan agitada que estamos viviendo desde lo de Lehman Brothers. Y entrar un poco dentro de nosotros mismos, y dentro de nuestra propia cultura y civilización. No vivimos sólo de pan. Y se ha repetido por muchos que ésta no es sólo una crisis económica, sino sobre todo es una crisis de valores.

Y en este retornar a nuestro mundo – al propio individual, y al colectivo -, me tropiezo con Robert Musil y su novela “Der Mann ohne Eigenschaften”, que prefiero traducir como “El hombre sin características propias”, en vez del habitual “El hombre sin atributos”, porque esto último suena a equívoco genital. Novela filosófica, que no narra hechos, sino que, al ser intemporal y a-espacial, se recrea en lo eterno, en las ideas y pensamientos, en situaciones que pueden ser propias de cualquier país y de cualquier época. También es novela utópica, en el mejor sentido de la palabra Utopía, como sinónima de presentación de una realidad ideal que aún no está presente entre nosotros, pero que debería estarlo, o al menos podría estar presente.

La fórmula empleada por Musil – “persona sin características propias” – en realidad procede del místico Eckart, quien se refería con ella a la persona misma, a su propio ser desprovisto de todo accidente, o sea, “sin características propias.” La persona que llega a esa situación es capaz de la unión mística, es capaz de realizar el viaje hasta las fronteras de lo posible, hasta el Paraíso.

Musil plantea, entre otras muchas cuestiones, la de la realidad. Y la clave de ésta la halla en la potencialidad : real no es sólo ni principalmente lo que ya es, sino sobre todo, lo que puede llegar a ser, lo que es posible, al menos potencialmente. Musil, que escribía esto en 1930, en los albores de la Física cuántica, se adelantó a los descubrimientos de ésta, los cuales nos dicen que la realidad es abierta, que el futuro es indeterminado, que lo que define nuestro mundo es la potencialidad, el estar abierto a millones de posibilidades insospechadas.

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Fuente: Fundación Civil
Autor: I. Landero