La Historia que nunca le contaron a Obama

Obama se había comprometido durante la campaña electoral a visitar una capital del mundo musulmán en los primeros compases de su administración si ganaba los comicios del 4 de noviembre de 2008 a la presidencia americana. Pero la elección del lugar para lanzar ese mensaje resultaba complicada, tanto por motivos de seguridad como diplomáticos. Tras darle muchas vueltas al asunto (Turquía e Indonesia eran otras opciones), la diplomacia estadounidense se decantó por Egipto.

Egipto es el país árabe más habitado y uno de los más poblados del mundo musulmán. También se trata de un aliado de Estados Unidos —vive en gran medida de los miles de millones de dólares que le regala la superpotencia por firmar la paz con Israel en 1979—, pero no se encuentra muy de acuerdo con sus políticas para Oriente Próximo.

El presidente de EE.UU compareció el pasado 4 de junio en la Universidad de El Cairo y expuso de inmediato el objeto de su visita. “He venido aquí —dijo—a buscar un nuevo comienzo para Estados Unidos y musulmanes de alrededor del mundo, que se base en intereses mutuos y el respeto mutuo; y que se base en el hecho de que Estados Unidos y el islam no se excluyen mutuamente y no es necesario que compitan. Por el contrario: coinciden en parte y tienen principios comunes, principios de justicia, progreso, tolerancia y el respeto por la dignidad de todos los seres humanos.”

Respeto que, desde luego, el islam no profesa a la mujer como acredita el siguiente fragmento del Corán:

Narró Abu Al-Judri: Una vez el enviado de Allah salió a Musalla a la oración de Al-Fitr. Entonces pasó al lado de las mujeres y dijo: ‘¡Oh, mujeres! Dad limosnas, porque he visto que la mayoría de los moradores del fuego del infierno erais vosotras.’ Ellas le preguntaron: ‘¿Por qué es así, oh, enviado de Allah?’ Él contestó: ‘Maldecís con frecuencia y sois ingratas con vuestros maridos. No he visto a nadie más deficiente en inteligencia y en religión que vosotras. Un hombre prudente y sensible podría ser extraviado por algunas de vosotras.’ Las mujeres preguntaron: ‘¡Oh, enviado de Allah! ¿Qué es deficiente en nuestra inteligencia y religión?’ Él dijo: ‘¿No es el testimonio de dos mujeres equivalente al testimonio de un hombre?’ Le contestaron afirmativamente. Él dijo:’Ésa es la deficiencia de vuestra inteligencia. ¿Acaso no es verdad que una mujer ni puede orar ni ayunar durante sus reglas?’ Las mujeres contestaron afirmativamente. Él dijo: ‘Ésa es la deficiencia en vuestra religión

Pero sigamos analizando el falaz discurso obamita porque hubo otros dislates, si cabe, de mayor magnitud que éste. “Como estudioso de la historia —comenzó diciendo—sé también que la civilización tiene una deuda con el islam. Fue el islam –en lugares como la Universidad Al-Azhar– el que llevó la antorcha del aprendizaje durante muchos siglos y preparó el camino para el Renacimiento y el Siglo de las Luces en Europa.”

Para empezar, resulta sorprendente que el presidente norteamericano se atribuya un conocimiento de la historia que ni lejanamente posee, tal y como demuestran sus continuas meteduras de pata en la materia. No consta en ningún lugar que Obama haya estudiado alguna vez Historia —sí estudió, en cambio, Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia, así como Derecho en Harvard—. Como, por otra parte, tampoco atisbamos qué tipo de deuda tiene contraída la civilización (suponemos que se está refiriendo a la occidental) con el islam. Porque éste, lejos de allanar el camino para el advenimiento del Renacimiento y el Siglo de las Luces en el continente europeo, supuso el aniquilamiento de la cultura más floreciente de Occidente a su entrada en España, en el siglo VIII.

Tanto era el apego que los musulmanes sentían por el arte y las letras que destruyeron la biblioteca de Alejandría durante el siglo VII, ya que en palabras del califa Omar: “Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque se repiten; Si los libros no están de acuerdo con el Corán, de nada sirve conservarlos.” No otra cosa hicieron los bereberes con el palacio de Medina Azahara, el que destruyeron por considerarlo de costumbres relajadas dos siglos antes de que Fernando IIIEl Santo’ reconquistara Córdoba. Afortunadamente, los Reyes Católicos no obraron de igual modo con la Alhambra de Granada, que sin lugar a dudas ocupa hoy un lugar preeminente en nuestro patrimonio artístico.

Infatigable Obama en su empeño de transformar la historia en algo completamente distinto a lo que realmente aconteció llega a decir: “Y en toda la historia, el islam ha demostrado por medio de sus palabras y actos las posibilidades de la tolerancia religiosa e igualdad de las razas.” De la tolerancia religiosa —absolutamente vinculada a la libertad de culto—hablaremos más adelante. Por lo demás baste decir que esa supuesta “igualdad de razas” de la que habla Obama cuando se refiere al islam no la encontramos por ninguna parte, al menos durante el tiempo en que los musulmanes ocuparon, como invasores, la Península Ibérica. Ya que tanto bereberes como musulmanes españoles recibían un trato de inferioridad con respecto a sus correligionarios árabes, que estaban situados en la cúspide de la pirámide social. Por supuesto, de judíos o mozárabes ni hablemos. Ya que quedaban absolutamente excluidos.

Sin embargo, poco le costaba al presidente de EE.UU seguir insistiendo con la cantinela progre de siempre, que se deshace en elogios con el islam, así que terminó diciendo:“El quinto asunto que debemos encarar juntos es la libertad religiosa. El islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Lo vemos en la historia de Andalucía y Córdoba durante la Inquisición. “ De esa tolerancia —y por referirnos al caso concreto de Córdoba— puede precisamente dar fe San Eulogio de Córdoba, que murió decapitado por negarse a renunciar a su religión cristiana. Como también podemos hablar de la violencia despiadada del caudillo Almanzor, reduciendo a cenizas una ciudad icono de la cristiandad como Santiago de Compostela.

Como los dirigentes musulmanes si algo fueron es equitativos, persiguieron con igual saña tanto a intelectuales judíos, como Maimónides o Ibn Gabirol, como a musulmanes que por alguna razón consideraron herejes como en el caso de Averroes, cuyos libros fueron a parar a la hoguera. Por lo que el discurso de Obama, es justo concluir, se corresponde tanto con la verdad histórica como decir que dos más dos son veintisiete.

Francisco Javier Torá Jiménez