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La ley del silencio

La ley del silencio (1954) es una espléndida película dirigida por el maestro Elia Kazan, donde se nos muestra la dura vida de los estibadores en unos muelles neoyorquinos controlados de modo implacable por la Mafia. Terry Malloy (Marlon Brando) es un ex boxeador a sueldo de la Mafia que, pese haber sido testigo de numerosos delitos cometidos por la organización, respeta escrupulosamente la omertà y no denuncia los hechos ante la policía. Sólo se sentirá inducido a hacerlo tras conocer a Edie Doyle, la hermana de una víctima de los hombres de Johnny Friendly, con la que simpatiza rápidamente. En su interior se había producido una notable transformación, en la que comportamientos que antes le parecían perfectamente comprensibles, ahora le causaban honda repulsión.

Precisamente, un sentimiento de repulsión me anima a escribir estas líneas acerca del debate mantenido entre Rajoy y Rubalcaba hace siete días. A decir verdad, cuanto sucedió en éste resulta absolutamente irrelevante. El lapsus freudiano de Rubalcaba (“Ahora, es usted el que miente”), o que Rajoy leyera más de la cuenta, en el caso de que lo hiciera, son cosas que, a mi modo de ver, carecen de total importancia. Tal vez motivado por un pacto que algunos han calificado de caballeros, o por una omertà que invade la película de Kazan de principio a fin, el caso es que el silencio protagonizado por Rubalcaba y Rajoy en el debate sobre temas de indiscutible trascendencia deja muy a las claras la desvergüenza de una casta política cuya finalidad en este valle de lágrimas no es otra que llevárselo crudo. Nada se habló en el citado debate sobre el modelo territorial de España (Estado de las Autonomías), el Estatuto de Cataluña, la Ley Electoral, la Ley del Menor(con el Caso Marta del Castillo de rabiosa actualidad), el Caso Faisán o el reciente comunicado de ETA; como tampoco se mencionó una sola palabra sobre la corrupción que campa por sus respetos en esta pobre nación nuestra. La imputación de Camps o la afición de Pepiño Blanco por las gasolineras fueron cuestiones que no interesaron lo más mínimo a ambos candidatos a la presidencia del Gobierno.

Por supuesto, no existió referencia alguna a la financiación de partidos políticos y sindicatos, ni a los innumerables privilegios que atesora la casta política. Nada, sobre la independencia de la Justicia, como tampoco nada acerca del futuro de la Unión Europea o la crisis del euro. Y cuando llegó el turno de hablar sobre el papel de la mujer en nuestra sociedad, ambos líderes políticos se empeñaron en presumir de las numerosas féminas que integran sus equipos de confianza, en lugar de pronunciarse acerca de la violencia de género, que está dejando decenas de mujeres asesinadas al cabo del año, o de explicar la posición que mantienen ante un tema tan controvertido como el aborto. Si resultará desalentador el panorama, que en lugar de despertarme gran interés qué partido conseguirá alzarse con la victoria en las elecciones generales del próximo domingo, sólo lamento, en cambio, el hecho de que Kazan no se halle entre nosotros en el momento presente. Hubiera filmado una excelente película sobre la situación que estamos viviendo.

Javier Torá Jimenez

Comentarios

Antonio Casado:14/11/11 a las 23:04
"El DEBATE" EXPLICADO POR MARIO CONDE. Al final no se mencionó el modelo territorial. Nada se dijo de las Autonomías. Nada de los problemas de nacionalismos independentistas en Pais Vasco y Cataluña. Nada de como atajar el proceso. Nada de los posibles conciertos. Nada de la reforma de la Ley electoral, salvo un guiño tímido de Rubalcaba. Nada de potenciar la democracia directa. Nada del estatuto jurídico privilegiado de los políticos. Nada de la defensa de la sociedad civil. Nada de la financiación de partidos políticos. Nada de sindicatos. Nada se concretó en reforma laboral. Nada de los pro