¿Vuelve el Felipismo?
Me entero por algunos medios de comunicación del regreso del felipismo a la Moncloa. Supongo que el hecho de que Rubalcaba se convierta en vicepresidente primero, y portavoz del Gobierno—conserva, además, la cartera de Interior— ha debido de impresionar a no pocos analistas políticos. David Gistau lo compara en El Mundo con Luca Brasi, por su destreza en el juego sucio y su fama de tipo duro. Aunque, probablemente, la comparación se ajuste mejor a Pepiño Blanco, quien no ha demostrado ninguna otra habilidad en el terreno político. Asimismo, el nombramiento de Ramón Jáuregui como ministro de la Presidencia apuntala la tesis del regreso del clan de la tortilla a la cúspide de la política nacional. The Economist va más allá y sentencia: “Zapatero está acabado.” Exageran.
Más bien, me inclino a pensar que ante la caída libre del Partido Socialista en todas las encuestas sobre intención de voto en los próximos comicios municipales y autonómicos, Zapatero ha decidido cortar por lo sano. El tiempo de las superfluas bibianas y corredores (Igualdad y Vivienda, respectivamente), con todo lo de cosmético que sus nombramientos tuvieron, ha expirado. No es que la actual remodelación de Gobierno no responda esencialmente a criterios estéticos como tiempo atrás. Sino que se trata de un vuelco de la imagen que en este caso se pretende proyectar hacia el interior y exterior del partido. Pues, si en 2004 —con nuestra economía intacta— Zapatero podía presentarse de cara a la galería como un presidente moderno, rojo y feminista, con su Ejecutivo de paridad y sus extravagantes ocurrencias; en el momento presente, su intención es producir ante la opinión pública la apariencia de un gobernante serio, que sabe rectificar a tiempo (aunque tardara en reconocer la crisis un año después de haberse iniciado) y confiar responsabilidades de Gobierno a los más aptos de entre aquellos que le rodean. Es decir, Rubalcaba. Que por descontado no es tan guapo como Bibiana Aído, lo cual le favorece ahora mismo. La belleza siempre ha sido acusada de frivolidad, mientras que la fealdad puede ocultar una inteligencia extraordinaria o un gran corazón. Malos tiempos para las barbies en política.
El caso es que si Zapatero hubiera pretendido afrontar los graves problemas nacionales, en lugar de limitarse a perpetrar un mero cambio de imagen, habría reforzado el área económica, rodeándose de tecnócratas y especialistas en la materia. O habría acometido reformas encaminadas al fortalecimiento de nuestras instituciones, para poder contar con ellas en un dizque proceso de recuperación nacional. No ha sido así, y, desde luego, la actitud de éste recuerda a la magnífica frase de Burt Lancaster, en El Gatopardo: “Es necesario que todo cambie para que todo siga igual.”
Alguien podrá objetar a la tesis expuesta, que si Leire Pajín ha sido obsequiada con el Ministerio de Sanidad no ha sido precisamente porque transmita demasiada seriedad para el cargo. Acepto la enmienda. Si bien, me temo que como ministra del área sanitaria ocupará menos telediarios que durante su anterior desempeño. A menos, claro está, que a la industria farmacéutica le dé por inventarse otra pandemia y la Organización Mundial de la Salud haga sonar los clarines del exterminio planetario como en tiempos de la gripe aviar o, más recientemente, de la gripe A. Pero creo que a la Pajín le ponen más otro tipo de “acontecimientos planetarios”, como el de la reunión entre Zapatero y Obama. Reunión que, por supuesto, no recuerda nadie. Sin desmerecer tampoco su predilección por la “masculinidad del PIB” o el empleo de las lenguas regionales en el Senado.
La sustitución de Moratinos por Trinidad Jiménez en el ministerio de Exteriores ha resultado todo un acierto. No es que confíe, a estas alturas, en la ministra antichuches, sino que tengo razones para pensar que nadie puede hacerlo peor que Moratinos, incluido ella. Hay quien piensa que de este modo nuestra política exterior queda supeditada a los caprichos de Felipe González (empleado de Carlos Slim), cuya influencia sobre la ex ministra de Sanidad se dice que es notable. Pero, insisto, cualquier persona resulta más aceptable para el cargo que Moratinos.
Pero a lo que iba. ¿Zapaterismo o felipismo? Supongo que Zapatero se hará el muerto, por así decirlo, durante una temporada y sus apariciones mediáticas serán contadas, y las imprescindibles. Utilizará a Rubalcaba, como, por cierto, ha estado haciendo durante años con De la Vega, para realzar la imagen de un Ejecutivo que se le hunde por momentos, y una vez que el improvisado Richelieu se encuentre tan exhausto y exprimido como una naranja en el zumo del desayuno, se deshará de éste con el mismo desparpajo con que ha procedido con la vicevogue. Comienza la cuenta atrás.
Francisco Javier Torá Jiménez













