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¿A qué es igual el amor?

El amor es un concepto muy difícil de explicar y es entendido de manera distinta por cada uno de nosotros. De una u otra forma, todos creemos conocer qué es, aunque se trata de una idea cargada de subjetivismo y totalmente dependiente de nuestras creencias y experiencias personales.

Pienso que su complejidad radica justamente en este hecho. Sus múltiples facetas y las miles maneras de entenderlo hacen que todo aquello que lo involucre, a veces, se torne aparentemente muy complicado.

Está claro que el amor es el resultado de una emoción, por lo cual a veces resulta difícil definirlo como algo lógico, sin embargo, siempre nace a partir de un estímulo ante el cual reaccionamos conscientemente.

La incondicionalidad, el desinterés, la devoción, la empatía, el respeto, la generosidad, la fe, el sacrificio, la perseverancia, la humildad, la pasión, la entrega, la comprensión, el saber perdonar, incluso la autoestima, son hijos de este poderoso sentimiento que, a mi parecer, es el motor de nuestras vidas y lo que nos impulsa a vivir guiados por algún tipo de ilusión.

Aunque las causas de sentir amor nazcan de ideas buenas, sus consecuencias no siempre son justificables por el simple hecho de sentirlo. Por lo tanto, amar también implica tener control sobre nosotros mismos y sobre esas emociones que muchas veces no tenemos idea de dónde provienen o desconocemos la razón por la cual existen. Sin duda, se trata de algo bastante complicado.

Pienso que el amor no puede ser calificado, no es ni bueno, ni malo; ni justo, ni injusto; ni mejor, ni peor. No puede encasillarse, ni mucho menos hacerse el intento de predecirlo mediante algún modelo matemático. Amor es como lo entendemos nosotros mismos, es un concepto meramente personal el cual se despierta y se mueve ante las reacciones que obtenemos cuando lo transmitimos. Estoy convencida que justamente ésta es la causa de muchos de los problemas que se presentan entre las parejas.

Resulta paradójico pensar que el amor no se enseña y no se aprende, sin embargo tiene el mágico poder de ser entendido por todos. Se multiplica y se transmite de muchas formas, cuándo, dónde y cómo se quiera. A mi parecer, es aquello que le da un toque especial y único a todo aquello que toca.

A veces pasa desapercibido y, aunque no siempre es apreciado, nunca pide nada a cambio.

Amor es paciencia y desasosiego, complacencia y desconsuelo, preocupación y alegría. Aborda muchos conceptos, algunas veces antagónicos, otras, complementarios. Curiosamente, la abstracción de esta idea siempre nos lleva a depender de aquello que amamos y muchas veces nos sorprende a nosotros mismos invocando acciones y reacciones de las cuales ni siquiera sospechábamos su existencia.

No tiene límites, ni barreras. No conoce de edad, sexo, religión, cultura ni nivel social. Es cambiante y puede ser opacado por la decepción, el engaño y las mentiras; sin embargo, siempre sabe cómo demostrar si existió desde un principio, siempre sabe cómo salir victorioso, siempre gana.

El amor es razón y, al mismo tiempo, es la mejor derivación de todo aquello que hagamos en su presencia.

Después de este humilde intento de darle forma a un concepto imposible de definir, pienso que resultaría osado crear una fórmula perfecta que asegure el éxito de las relaciones o que evite el fracaso de los matrimonios. Cada cabeza es un mundo, cada persona tiene sus propios límites y experiencias y, en muchas ocasiones, la personalidad de cada quien define en gran parte la vida de pareja.

Ojalá existiese algún secreto para tener éxito en las relaciones o un manual de instrucciones a seguir para evitar el sufrimiento por el desamor. Es que casualmente, es justamente el amor quien también nos ayuda a levantarnos y sobreponernos.

Una vez que nace este sentimiento entre dos personas, pienso que la clave de su perduración en el tiempo es la capacidad que tenemos de aceptar la forma de amar de nuestra pareja en vez de perder tiempo intentando entenderlo. El problema no es entenderse, sino aceptarse. Una vez logrado esto, él hará el resto. Así como un coche necesita combustible para funcionar o nuestro cuerpo, nutrientes para poder vivir, el amor también necesita ser alimentado, pero no porque corra el riesgo de extinguirse, sino por el simple hecho de que siempre puede engrandecerse, embellecerse, mejorarse o cambiar radicalmente nuestra percepción de las cosas…Y para los que no creen en su existencia, casi puedo asegurar que viven con la esperanza y el deseo de que Cupido toque a sus puertas algún día.

Marianna Magnelli Lombardo

Comentarios

Miguel Ángel:14/11/11 a las 18:52
Me ha gustado como has definido algo tan difícil de explicar con palabras, sobre todo la mención que haces a los sentimientos antagonistas, que muchas veces quedan olvidados. Aunque también piense que no hay fórmula para todo esto, cre que leer tu texto es una gran ayuda para entender y llevar mejor una relación...
 
Antonio Casado:14/11/11 a las 21:59
Hace algún tiempo manifesté mi opinión en un artículo que lo titulé "La apariencia del buen amor", parece obvio que los sentimientos antagonistas han de buscar su punto de unión, afirmar lo contario sería un error. No creo el la libertad absoluta dentro del maravilloso mundo de la pareja, porque ella nos transportaría a un libertinaje absurdo e innecesario. Pienso igualmente que hay que buscar una especie de reglamento con el que poder convivir y en consecuencia amarse y ser felices.