23-F: Paréntesis Democrático
La última amnistía, decretada por Suárez en octubre de 1977 para excarcelar a presos políticos con delitos de sangre, no supuso ni de lejos el fin del terrorismo etarra. En 1978 los atentados de ETA provocaban 58 víctimas mortales, golpeando fundamentalmente a la institución militar. Ello derivó en la consolidación de una corriente crítica en el seno del Ejército que ponía al Gobierno en tela de juicio y que trajo consigo el origen de diversos incidentes provocados ante la presencia del vicepresidente Gutiérrez Mellado. Especialmente grave fue la “Operación Galaxia”, mediante la cual dos militares golpistas, como el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, y el capitán Ricardo Sáenz Ynestrillas, planearon asaltar el Palacio de la Moncloa para secuestrar al Gobierno e imprimir un cambio radical en el rumbo de la situación política. Sin duda, fue el aviso de lo que vendría tiempo después.
El 23 de febrero de 1981 el sistema democrático español sufrió un varapalo de consecuencias imprevisibles hasta tiempo después de recuperada la normalidad. Mientras se procedía a la votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, un grupo de guardias civiles irrumpió en el Congreso secuestrando al Gobierno y a los demás parlamentarios. Semejante tentativa de golpe de Estado reflejaba el descontento existente en un importante sector de las Fuerzas Armadas, así como la vulnerabilidad de la que adolecían unas instituciones políticas que no hacía demasiado tiempo que habían echado a andar.
En uno de sus libros, el conocido periodista Luis Herrero describe las impresiones de Adolfo Suárez un día antes de que se produjera la intentona golpista:
El día 22 de febrero Alberto Recarte fue a despedirse de Adolfo antes de tomar posesión como consejero delegado de la Caja Postal de Ahorros. Lo que escuchó le dejó lívido: “Me voy —le dijo— con la enorme preocupación de ver a Armada de segundo jefe de Estado Mayor. Agustín Rodríguez Sahagún, por no haberme hecho caso, ha puesto la zorra a cuidar de las gallinas. Temo lo peor. El Rey está ciego. No se da cuenta de la gravedad de lo que ha hecho obligando a Agustín a firmar el nombramiento de Armada. No descarto que haya un golpe militar, Alberto. Y, si lo hay, Armada habrá sido su inductor.” Sólo faltaban veinticuatro horas para que la profecía se hiciera realidad.
Es abundante la literatura existente sobre el 23-F, y se ha hablado en más de una ocasión de la supuesta implicación del Rey en el Golpe, pero lo cierto —e independientemente de lo que en realidad ocurriera— es que la Monarquía como institución y don Juan Carlos, como cara visible de la misma, salieron fortalecidos del trance e incluso aumentaron su prestigio social al atribuírseles la continuidad del sistema democrático.
Francisco Javier Torá Jiménez













